Símbolos de transformación

“Todo lo que Dios ha querido crear es [demasiado] estrecho. Ella, el [alma] dice: “Lo he buscado durante toda la noche. No hay noche que no tenga luz, pero está oculta”. El sol brilla [también] en la noche, pero está oculto. Durante el día brilla y oculta las demás luces”. M. Eckhart, El Fruto de la nada.

Terminemos bien el año, y qué mejor manera que con nuevas publicaciones en SHJ-eXcogito, una estética renovada en la revista y nuevas promesas de cara al futuro.

Jung, ese prohombre tan idolatrado y recurrido como odiado. En efecto, se puede encontrar tanta literatura a favor como en contra de Carl Gustav Jung (1875-1961), una eminencia de claroscuros que define ese tránsito de la fin de siècle del que tanto hemos hablado en Studia Hermetica y Azogue. Pero me reservaré mi juicio sobre el particular, porque ahora el que debe tomar la palabra es mi amigo David. David y yo nos conocemos desde hace años, y desde la distancia hemos aprendido mucho el uno del otro. Laudanus (su pseudónimo en la parte creativa de la revista, eXcogito) es portador de un alma profunda y extraña, inclinada al estudio de movimientos y personajes díscolos, heteróclitos, solitarios, melancólicos y apasionados. Un génie créatif consagrado a aquellos alucinados inscritos en el Romantisme noir y el Symbolisme, y autor de diversos blogs literarios, artísticos y fantásticos. En sus textos descubro un espacio laberíntico e interior ajeno al mundanal ruido. Retrato de un joven artista recluido en un hipogeo silencioso, que vive y crea desconociéndose, como impelido por un lejano susurro demoníaco o una pulsión en la que a duras penas cree. Ángel de alas negras que olvidó emprender vuelo y alquimista pseudoepigráfico en prácticas. Y no es el único; registro almas parecidas desde finales del siglo XIX: Léon Spilliaert, Alfred Kubin, Albert Poisson, Alice de Chambrier o Clark Ashton Smith, son algunos ejemplos.

Y es que una de mis actividades favoritas, estimado lector, es la de estar atento, vigilante, alerta. Mientras la mayoría de las personas que me rodean viven en perpetuo solipsismo y onanismo, yo trato de encontrar alma y fuego (una y la misma cosa) en cualquier rincón. Así es como se realizan los verdaderos descubrimientos: huyendo de preconceptos, preconvicciones y prejuicios; y así es como he hallado esas almas jugosas, en vida o muerte de sus portadores. La envidia, la competencia, el empujón, la búsqueda bastarda del protagonismo y el desprecio al talento ajeno, son algunos de los síntomas evidentes de la estupidez y la maldad humanas, por otro lado “virtudes” que compruebo especialmente en mi aún joven generación, hecho que me provoca vergüenza ajena y tristeza. Porque sepa una cosa, amigo lector: no ha habido ni habrá genio alguno incapaz de reconocer el talento en otros, y de buscar su cercanía.

Ese proyecto de investigación que denominé en 2013 “The Occultist Database”, y del que ahora se desprende un prometedor retoño: “The secret history of Psychology”, parece ir por buen camino. La idea de profundizar en las raíces históricas de la psicología me viene precisamente del artículo “Pneumaturgia: una mirada a lo oculto”, en el que constaté el evidente potencial que tenía semejante línea de investigación. Poco después conocería el trabajo del Dr. Andreas Sommer(Universidad de Cambridge), cuyo proyecto académico Forbidden Histories es uno de los pocos que se ocupa seriamente de estas cuestiones, y del que espero una fructífera colaboración durante el inminente 2016. E inscrito en el mencionado campo de investigación —del que yo apenas me atrevo a decir palabra—, se encuentra mi amigo David.

Asimismo, me ha parecido más adecuado encauzar sus dos publicaciones (el artículo “Jung, del Psicoanálisis a la Psicología Analítica” y la reseña crítica sobre la obra On the nightmare), a través de eXcogito, debido a que se trata de trabajos que se ubican en la línea editorial de SHJ sólo de manera tangencial, y además su tono, así como su aparato crítico y contenido se alejan de ese orbe académico en el que nos inscribimos los historiadores del pensamiento; el resultado es, creemos, aceptable, y mucho más teniendo en cuenta que se trata de las primeras publicaciones académicas de su joven autor. Además, me ha parecido interesante incluir la visión que de C. G. Jung y E. Jones tienen los propios psicólogos, y naturalmente tengo en mente ese nutrido y culto público hispanohablante interesado en estos temas, que espero halle en el nuevo número de eXcogito un recurso útil e interesante.

Podríamos resumir las tesis expuestas en el artículo de David de los Santos “Jung, del Psicoanálisis a la Psicología Analítica” de la siguiente manera:

1. Las desavenencias entre los fundadores del psicoanálisis, Jung y Freud, tuvieron un verdadero carácter axial para el desarrollo de la “Psicología de los complejos” o Psicología Analítica.

2. La Psicología Analítica representó una reformulación heurística del concepto freudiano de libido, expandiendo y profundizando su significado y alcance, lo mismo que las posibilidades teóricas del inconsciente (das Unbewusste) y la interpretación de los sueños, en las que ambos discrepaban.

3. Jung sentiría especial predilección por el comportamiento de la psique durante los denominados fenómenos “ocultos” (espiritismo y clarividencia, principalmente), que desde su punto de vista constituían un valioso testimonio para comprender los complejos y “misteriosos” mecanismos del inconsciente.

4. La interpretación junguiana de determinadas filosofías místicas, tanto occidentales como orientales, y las fases de transmutación alquímica, buscaban comprender y describir la dinámica del inconsciente (procesos de individuación, sueños, arquetipos), valiéndose de la iconografía y el simbolismo contenido en éstos.

Este artículo y esta reseña de David de los Santos pretenden constituirse en el punto de partida de una línea de investigación que indague en las raíces más brumosas y desconocidas de la psicología. Luego veremos qué jugosos retoños nos depara el futuro…

No cabe duda de que la psicología analítica aún fascina a mucha gente, tanto dentro como fuera de nuestro hispanohablante ámbito, atraída por el perfume oscuro y embriagador que desprende su intrincada y seductora simbología. En el espectro contrario, nos topamos con una reducida esfera de especialistas de altísimo nivel académico (R. Halleux, J. Rodríguez, W. Newman, B. Obrist, M. Mertens), que desde la historiografía critican ferozmente la interpretatio junguiana de los textos alquímicos, denunciando sus incoherencias; crítica que podríamos sintetizar del siguiente modo:

1. Jung y sus seguidores aplican un sistema interpretativo de los textos alquímicos basado en la libre asociación de ideas y la interpretación subjetiva, donde el razonamiento analógico y la intuición sustituyen al razonamiento lógico y el método científico más elementales.

2. Es una interpretación descontextualizada, que no tiene en cuenta datos, lugares y entornos (cfr. M. Mertens, “Les Alchimistes Grecs. Tome IV. Zosime de Panopolis”, Les Belles Lettres, 1995, p. 210). Esto supone privar de sentido a obras redactadas en circunstancias enormemente dispares, que no pueden ser comprendidas a través de traducciones libres y carentes de aparato crítico (como son las de Berthelot y Ruélle).

3. La psicología analítica, tal y como fue planteada por C. G. Jung, es una mera pseudociencia, i. e.:

“Una teoría seudocientífica asegura ser científica pero, o la teoría en realidad no es falsable o sus partidarios se niegan a aceptar que la teoría pueda ser refutada. Es lo que sucede en el caso que nos ocupa, donde Jung intenta solventar las carencias de su método equiparando sus propias ideas con “la certeza”, tratando así de negar validez a cualquier intento de contradecir o cuestionar sus tesis.” (extraído de Rodríguez Guerrero, “Examen de una amalgama problemática”, nota 35).

Eso sin mencionar las críticas feroces que las corrientes ocultistas y el tradicionalismo le brindarían a nuestro psicólogo suizo (cfr. Rodríguez Guerrero, op. cit., nota 16, quien define significativamente como “feas pataletas” a tales soflamas). Pero centrémonos, si no le importa, en la práctica misma de la teoría junguiana en la actualidad, partiendo de un texto del Dr. Javier Castillo Colomer (Introducción a la interpretación de los sueños, Ed. Manuscritos, 2014). El subrayado es nuestro:

“Un paciente de 40 años me relató el siguiente sueño:
Estoy en un lugar público, no sé si son unos baños colectivos o unas instalaciones con duchas cerca de un lugar de ocio. Me descubro mirándome al espejo y veo mi pecho abultado, como si fuera el de una mujer. Intento esconderme, pues hay otras personas adecentándose y tengo miedo que piensen que soy un travesti.
Las asociaciones del soñante eran nulas y ante mis preguntas de que me describiera qué era un travesti, las palabras utilizadas eran mezcla, confusión y problemas de identidad. Me hablaba de la sensación de rechazo que le causaba esta figura y lo lejos que podía estar de desear a un sujeto así. Por otra parte, el pecho como parte de la mujer le producía una sensación muy agradable y estimulaba de forma considerable su erotismo.
Este sujeto, acercándose a la mitad de su vida, se veía necesitado de integrar su parte femenina. Aunque lo estaba haciendo de forma un tanto precipitada y un tanto torpe –figura del travesti y lugar público– su inconsciente estaba constelando la necesidad de integrar aspectos que en la psique del soñante eran totalmente opuestos.
En la vida de este hombre no había habido tiempo para la receptividad, cultivo del mundo relacional, expresión de la tristeza y cualquier estado emocional que se identificara con debilidad. Por el contrario, su existencia había sido la de un héroe que partiendo de la nada había desarrollado un importante imperio financiero, siempre luchando y expresando la capacidad y fuerza. Y aunque sentía poseer una sensibilidad profunda, muy a menudo se sentía avergonzado por ella. En este sujeto había predominado el ideal masculino de perfección. En la transición de su vida que implicaba la madurez se había constelado el ideal femenino de totalidad.
En el Rosarium Philosophorum, manuscrito anónimo fechado en 1550 –que contiene veinte imágenes, una de ellas la del hermafrodita–, vemos el compromiso del pensamiento alquímico con la integración de lo opuesto y paradójico. Son láminas que indican el proceso simbólico hacia la unión sagrada, el hieros gamos, cuyo fruto es la lapis philosophorum.
Jung consideró el simbolismo de la alquimia como el elemento nuclear que le llevó a configurar su concepción de la individuación. Prueba de ello son algunos de los textos fundamentales de su obra: Comentario al libro El secreto de la Flor de Oro, Psicología y alquimia, Psicología de la transferencia y Mysterium coniunctionis.
El pensamiento junguiano ha ido ampliado los estudios de la relación del simbolismo de lo inconsciente con la imaginería alquímica (von Franz, 1980) confirmando lo que el padre de la psicología analítica había observado en este arte iniciático: la alquimia como el sueño de cristianismo. Por ello concentra todo lo que fue negado por esta religión (como ocurre con las otras de raíz hebraica, como la judaica y la musulmana) y lo proyecta sobre temas relacionados con la materia, lo femenino, las bodas místicas, el mal.
Podemos ver en análisis junguiano una forma de extraer el espíritu mercurial de la materia –El Mercurio alquímico es un compañero divino que revela al adepto los secretos de la naturaleza, idéntico al dios Hermes y al Hermes-Thot de los gnósticos–, una forma de dotar de sentido a diferentes elementos que configuran la existencia y que requieren de un trabajo alquímico para su espiritualización. Lo que, con otras palabras, podríamos describir como salvar el núcleo de la experiencia –las imágenes que produce el Sí mismo– de todo lo pueril que se liga a los deseos primitivos y todo lo que les circunda. Es lo que pretendía el alquimista, de forma proyectada, cuando hablaba de extraer al hombre divino de la materia corruptible”.

La cita es larga pero merece la pena. En este punto los historiadores que han adoptado el método histórico-crítico por bandera se echan las manos a la cabeza, los scholarsque integran las perspectivas interpretativa y normativa se mesan las barbas mientras repiten “fascinante…”, y los creyentes esotéricos se frotan las manos, sonrientes. Lo que parece evidente es que los estertores de la hermenéutica junguiana de los sueños y sus brumas mitológicas han llegado a “desprofesionalizar” hasta el límite este supuesto campo de conocimiento (Jung and the making of Modern Psychology, Cambridge University Press, 2003, pp. 159 y ss.), retornando irónicamente a la interpretación romántica, artística y filosófica que el siglo XIX dedicó al mundo onírico (Scherner, Maury, Saint-Denys, Macario, Delboeuf, Volkelt, Nietzsche).

¿Es esta forma de “curar” una simple fantasmagoría terapéutica? Es de sobra conocido en nuestro mundo académico el artículo de Pedro Laín Entralgo, “La curación por la palabra en la Antigüedad Clásica” (Revista de Occidente, 1958), donde el viejo maestro describía los medios de tratamiento y curación de la civilización grecorromana: κάθαρσις (catarsis) es un término que describe el modo de actuación de una buena parte de los psicoterapeutas actuales ligados a las teorías de Jung, lo mismo que las prácticas asociadas a otra pseudociencia, la homeopatía, y otras “técnicas” orientalizantes. Hay que decirlo: no parece que la ciencia médica —la metodología científica— tenga nada que ver con esto, sino que más bien estamos ante una pantalla de palabras construida para provocar un efecto placebo en el paciente. Si se me argumentara que las teorías junguianas son útiles desde un punto de vista teórico, y que no se pretende tanto “curar” como “comprender”, contestaría que existen otros instrumentos más eficaces para ello, en primer lugar la filosofía y la ciencia; en segundo lugar, la historiografía: ni el Rosarium Philosophorum, ni los gnósticos o los Hermetica tardoantiguos se referían a realidades inconscientes de ninguna clase en sus líneas e ilustraciones, cosa que deduciríamos con una preparación suficiente en Historia de la Alquimia y la Filosofía (p. ej. cuando el Rosarium, integrado en el corpusdel [pseudo] Arnau de Vilanova, nos habla de transmutación, lo hace en el contexto de un discusión filosófica “imaginaria” entre Aristóteles y su corpus pseudoepigráfico y los alquimistas:

“La obra de los Filósofos es disolver la piedra en su Mercurio para que sea reducida a la materia primera”

; o más adelante:

“por eso dice Aristóteles que los alquimistas no pueden realmente transmutar los cuerpos de los metales sin reducirlos antes a su materia primera. Entonces son perfectamente reducidos a una forma distinta de la que tenían”, Rosarium Philosophorum, t. I, libro 1, cap. IX, Bibliotheca Chemica Curiosa, 1702, citado —y traducido— por Rodríguez Guerrero y Castro Soler en “La Epistola super quinta essentia de Luis de Centelles”, pp. 74 y ss., notas 11 y 12, Azogue, 5, 2002-2007).

En cuanto a la figura del “hermafrodita”, se trata de una alegoría que alude directamente a la Tabula smaragdina, al carácter bisexual del mercurio, la idea estoico-hermética de una materia viva y autorreproductiva (Asc. 21), y la utilización alquímica de los reinos mineral y animal (cfr. Les débuts de l’imagerie alchimique (XIVe-XVe siècles),Editions Le Sycomore, 1982, pp. 152 y ss.; asimismo, Rodríguez Guerrero, blog de notas Opus Magnum, entrada de 28 de junio de 2008. URL: http://www.revistaazogue.com/blogjunio2008.htm).

No me extiendo porque soy consciente de que en realidad cualquier argumento “racional” podría ser esquivado sobre la base de una dialéctica… simbolista. Es decir, un psicoterapeuta junguiano siempre podría decirnos que, en realidad, estos alquimistas reflejaban procesos de individuación inconscientes y universales; pero desengañémonos: la forma de argumentar de estos especialistas pretende ser también historiográfica, elevando su particular hermenéutica a la categoría de ciencia, lo que es llanamente falaz e incorrecto.

Aunque no todo son críticas e improperios; algunos trabajos apuntan a la posibilidad de que la neurociencia moderna confirme los postulados fundamentales de Jung: cfr. Caifang Zhu, “Jung on the Nature and Interpretation of Dreams: A Developmental Delineation with Cognitive Neuroscientific Responses”, Behav. Sci. 2013, 3, pp. 662-675. URL: http://www.mdpi.com/journal/behavsci; Margaret Wilkinson, “Jung and neuroscience”, en Who owns Jung?, Karnac Books, 2007, pp. 339 y ss. y “Undoing dissociation. Affective neuroscience: a contemporary Jungian clinical perspective”, por citar solo algunos de sus múltiples trabajos sobre la materia; cfr. también los recursos digitales del C. G. Jung Center of Boulder, URL:http://www.jungboulder.org/; conferencias: Ashok Bedi, “Basic tenets of Jung’s Analytical Psychology: A clinical & neuroscience perspective”, C. G. Jung Institute of Chicago, 2015; Robert J. Hoss, “Recent Neurological Studies Supportive of Jung’s Theories on Dreaming”, IASD 29th International Conference, 2012; y sesiones de trabajo: Tina Stromsted, “Embodied Alchemy: Authentic Movement, Neuroscience, & the Somatic Unconscious”, forthcoming, 2016; Arthur Niesser, “Neuroscience and Jung’s Model of the Psyche: A Close Fit”, (Barcelona, 2004), en Edges of Experience: Memory and Emergence: Proceedings of the 16th, International Congress for Analytical Psychology, 2006, pp. 1166 y ss. Este último especialista comienza su conferencia con una afirmación significativa de J. A. Hobson:

“Jungians [have] made it quite clear that they are not simply uninterested in brain science, but consider it to be so hopelessly inadequate to their quest for holistic union, transcendental spirituality, precognition, and extrasensory perception as to be an obstacle to progress” (Consciousness).

Continúa el Dr. Niesser su exposición alegando que muchos de los “analistas junguianos” no suelen ser especialistas en neurociencia —y de ahí sus lagunas argumentales, y que esta ciencia pudiera estar encaminando sus pasos hacia una comprobación de facto de conceptos junguianos como el inconsciente colectivo, los arquetipos, la individuación, etcétera, recurriendo a los trabajos de Gazzaniga, LeDoux, Damasio, Panksepp o Ramachandran.

En general, los mencionados investigadores inciden en la relación entre las zonas cerebrales activas durante la fase REM, la simbolización como proceso inconsciente de un hecho real y “racional”, y la denominada “compensación” como explicación misma del sueño, conceptos derivados de la obra del psicólogo y psicoterapeuta suizo. A pesar de todo, las relaciones entre la psicoterapia y la neurociencia distan de ser pacíficas y unánimes, y además se haría ineludible un riguroso escrutinio del nivel académico de cada uno los especialistas junguianos, debido a la ya mencionada “desprofesionalización”.

A modo de conclusión, podríamos afirmar que:

1. Las teorías de Jung fracasan estrepitosamente a la hora de interpretar textos religiosos, alquímicos y filosóficos. Es decir, no es un método hermenéutico, científico o historiográfico válido, sino una pseudociencia.

2. Las obras de Jung son el producto de un contexto intelectual determinado: el esfuerzo científico y filosófico desplegado durante las primeras décadas del s. XX por entender y profundizar en la psique humana.

3. Conceptos teóricos junguianos tales como arquetipo, individuación, compensación, simbolización o inconsciente colectivo, aún son materia de debate, tanto en el mundo académico como en el popular.

4. La psicología analítica resultó ser de gran inspiración para movimientos artísticos de vanguardia, como el Surrealismo, al desvelar una dimensión otrora desconocida de la mente.

El deconstructivismo posmoderno de un método que no es método y una teoría que no pretende serlo, esquiva los estándares del método científico mismo. Es sencillamente imposible hacer ciencia de aquello que es útil y significativo para una persona y que no lo es para otra. De todos modos dudo mucho de que Jung tuviera en mente un sistema de referencia exacto cuando hablaba de alquimia o de cualquier otra cosa, y es precisamente este vagar a ciegas lo que caracteriza y define los primeros pasos de la “ciencia” psicológica, y lo que ha precipitado su posterior diáspora. Y lo que la hace tan seductora y apasionante desde un punto de vista historiográfico, todo hay que decirlo. Personalmente sólo estoy de acuerdo con Jung en esta su afirmación:

“There is nothing I am quite sure about. I have no definite convictions—not about anything, really” (Memories, Dreams and Reflections, 7, p. 358).

Imagen: “Detalle de retrato de Carl Gustav Jung”. Origen no encontrado. Copyright of the author.

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