Hermetism and the Underworld

‘Dreaming is imagining’.
James Hillman, The Dream and the Underworld.

‘Le vrai est dans le profond’ (OC, 183).

‘L’essentiel est invisible pour les yeux’.
Saint-Exupéry, Le Petit Prince.

‘A man that is born falls into a dream like a man who falls into the sea (…) The way is to the destructive element submit yourself’.
Joseph Conrad, Lord Jim.

Qué mejor forma de conmemorar este décimo aniversario que con un nuevo eXc dossier (el sexto, por cierto) trinlingüe, dedicado a la escuela arquetipal fundada por James Hillman (1926-2011). Pero como es habitual, antes de continuar he de otorgar el justo mérito a quienes lo han hecho posible con su esfuerzo y buen hacer: Tatsuhiro Nakajima, Federico Divino y David de los Santos Juanes Muñoz. Como puede comprobar, este nuevo dossier ha sido redactado por especialistas muy distintos, que desde posiciones equidistantes han tratado de dilucidar aspectos particulares de la psicología arquetipal y analítica. He querido que sean los propios psicólogos y psicoterapeutas de orientación o inspiración junguiana los que hablen con su propia voz, huyendo furiosamente de la perspectiva académica adoptada por la revista en sus dossieres estrictamente histórico-críticos. David, por su parte, conjuga su faceta de psicólogo con la de historiador del pensamiento. El resultado es un dossier multicolor que explora las extensas ramificaciones de Jung y sus seguidores en el tejido intelectual de nuestro tiempo.

SHJ VIII, 1 (2018) Hermetism and the Underworld

El Dr. Nakajima esboza en su artículo (“Psychology of the 12th Century Renaissance in Wolfram von Eschenbach’s Parzival”) una aproximación heurística a la obra de Jung y Hillman, partiendo de la obra del estagirita y de la transmisión de los Hermetica en la obra de autores como Wolfram von Eschenbach. El resultado es una representación muy sugerente de cómo la historiografía puede tornarse en un ejercicio de antropología, con la vista puesta en la gestación de la psicología analítica como receptora última de las tradiciones platónica y peripatética.

• Perfil en academia.edu: https://pacifica.academia.edu/TatsuhiroNakajima
• Perfil en LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/tatsuhiro-nakajima-9b884146/

Por su parte, Federico Divino (“L’archetipo di Brahmā. La linguistica archetipica nella comprensione della schizofrenia”) va aún más lejos, proponiéndonos una rama del psicoanálisis profundamente vinculada con la tradición budista (es lo que ha dado en llamar medelogía, una suerte de “budismo reformado” desde posiciones psicoanalíticas y filosóficas). En el artículo que nos ocupa, Divino parte de la escuela arquetipal para tratar de comprender la esquizofrenia, recurriendo a las deidades Brahmā y Ardhanārī, sobre la base de las enseñanzas de Kūkai.

Federico es un jovencísimo intelectual dedicado en cuerpo y alma al estudio de la psique que despliega una intensa actividad. Su trabajo puede ser encontrado con extraordinaria facilidad en la red:

• Medelogy blog: http://www.medelogy.com/

• Perfil en academia.edu: https://uniroma.academia.edu/FedericoDivino

• El autor y su obra: http://it.nostradamus.wikia.com/wiki/Federico_Divino

• Página del autor en Facebook: https://it-it.facebook.com/divino.federico.autore/

• Twitter: https://twitter.com/divinofed

• Bibliografía del autor: https://www.ibs.it/libri/autori/Federico%20Divino

El artículo de David, “Hillman y la Alquimia”, nos acerca aquellos textos de Hillman relacionados con la interpretación que éste hace de los sueños y la alquimia, ubicándolo en su contexto post-junguiano. Este excelente trabajo supone una coherente evolución académica desde su ensayo “Jung, del Psicoanálisis a la Psicología Analítica” (SHJ V, 1, 2015). David es un viejo conocido de nuestros lectores, así como un miembro activo de SHJ.

• Sombras y delirios: https://sombrasydelirios.com/
• Perfil en academia.edu: https://independent.academia.edu/DaviddelosSantosJuanesMu%C3%B1oz

The Underworld

Con el término “inframundo” (underworld), empleado tanto por John Dillon (‘underworld of Platonism’, The Middle Platonists, London, 1977, p. 384), como por James Hillman (The Dream and the Underworld, 1979), deseo poner de manifiesto una doble realidad, la una académica y la otra vital. Por un lado, es indudable que, oculta bajo el engañoso manto del cientifismo junguiano o el trasfondo de la escuela platónica, encontramos a nuestra filosofía hermética y sus ramificaciones gnósticas (en el extenso sentido otorgado por la eminente escuela de Hanegraaff y sus seguidores). Al fin y al cabo, un universo viviente, susceptible de ser conocido y manipulado mediante el ejercicio de la imaginación activa es cuita propia de hermetistas, ¿no?

Desde mi lectura de The Dream and the Underworld sigo con mucho interés la obra de este psicólogo universal; en sus páginas descubro a un intelecto despierto e inocente que filosofa sobre la base de la mitología y la filosofía clásicas, con el objetivo de desvelar las realidades ocultas de la psique. Un artista de la palabra que se vale de Heráclito para trascender el fuego secreto de la conciencia:

“Los límites del alma no lograrías encontrarlos, aun recorriendo en tu marcha todos los caminos: tan honda es su razón” (frag. 71).

Esta máxima constituye la clave de bóveda de su obra: la extensión del alma y los distintos modos en los que ésta experimenta no son susceptibles de ser delimitados por ciencia empírica alguna, sino por una labor de terapia cercana en esencia a la mayéutica socrática. El mencionado aforismo del filósofo de Éfeso es particularmente importante para representar la realidad de los sueños:

“The endless variety of figures reflects the endlessness of the soul, and dreams restore to consciousness this sense of multiplicity”.

Hillman establece una profunda relación entre la capacidad visionaria del sueño y la mitología (y de los arquetipos implícitos en ésta), echando mano de artísticas genealogías divinas con el fin de retratar las realidades ocultas del inconsciente. Así, la trilogía Hades-Hypnos-Eros representa a la prole de la Noche, personificada en los infiernos eróticos de los sueños y sus brumas fantásticas. El sueño dispone de significación en sí mismo y para sí mismo, sin recurrir al mito heroico del ego despierto: el alma se hace libre en el ejercicio de soñar (Ba-soul).

Está de más apuntar que este tipo de aproximación interpretativa de los sueños granjeó a Hillman numerosas críticas desde la psicoterapia más “tradicional” o “científica”. Críticas que capeó con distinción, en buena medida debido a su desvinculación con cualquier modo de proceder mainstream.

Estamos necesitados de imaginadores activos, sujetos excogitantes que redescubran la juguetona infancia que subyace en la letra de nuestros maiores; en mis años como scholar he comprobado cómo una cohorte de eminencias grises pertenecientes al campo de las Humanidades engalanan sus testas con las ridículas diademas del hard scientist. De esta manera, veo pasear por la tarima a ufanos filólogos, arqueólogos, economistas o juristas, que con ominoso mazo golpean la credibilidad del resto de profesionales de las letras y las artes, desplegando una abracadabrante erudición que en ocasiones trata de esconder una incapacidad para integrar los conocimientos adquiridos en un sistema de pensamiento coherente, uno que ofrezca respuestas tangibles a los interrogantes eternos que nos aquejan.

Mas no estoy afirmando lo contrario, no se confunda, avispado lector: no infravaloro el trabajo de iconógrafos, paleógrafos, codicólogos o bibliotecónomos; tan sólo digo que el exquisito fruto de su impecable técnica no es capaz de eclipsar nuestra humana necesidad de trascender el muro epistemológico que nos separa de lo “verdadero”. Si no me cree, desconecte su dispositivo electrónico y dese una vuelta por el complejo de Akshardham, por La Kaaba, o por Kuthodaw, Borobudur, Shenoute o Biet Ghiorgis. Esta ínclita explosión de color que denominamos “vida” ha colocado a la sensibilidad humana como eje de su reconocimiento, o en palabras del propio Hillman:

“Our job on the Earth is to love it”

; una afirmación cuya simplicidad no deberíamos rehuir: si por “terapia” denominamos al arte de enamorar a la persona, entonces James Hillman es el más erótico de los terapeutas; o haciendo uso de una terminología más tradicional, James Hillman es un filósofo neoplatónico del siglo XX.

Pero no fui yo, sino Gregory Shaw, eminente especialista en neoplatonismo y teúrgia, quien reconociera este propósito erótico en la obra de James Hillman (“Archetypal Psychology, Dreamwork, and Neoplatonism”, en Octagon. The Quest for Wholeness: mirrored in a library dedicated to religious studies, philosophy and esotericism in particular, H. T. Hakl (ed.), vol. 2, Gaggenau: scientia nova, 2016, pp. 327-358.). Las imprecisiones historiográficas de Hillman, heredero de las erradas tesis de Dodds sobre la teúrgia, no esconden, sin embargo, la fortaleza del argumento: la psicología analítica se enraiza en la tradición platónica tardía, sobre todo en relación a conceptos supuestamente compartidos con ésta tales como soul making, active imagination o el eros intermediario. Dreamwork implica una revelación en el propio entendimiento del sueño, actuando del mismo modo que lo hacía el teúrgo, al despertar lo que de divino hay en nuestra alma con el propósito de asimilarnos a los dioses.

Transitamos a bordo de un navío rompehielos cuya carta esférica no nos es dado conocer; de algún modo intuimos que existe lo verdadero; no obstante, nuestro estrecho sentido de los sentidos nos impulsa a un vacuo empirismo:

“The error of empiricism is its atempt to employ sense perception everywhere, for hallucinations, feelings, ideas and dreams”.

En efecto, Hillman pone de manifiesto una dificultad epistemológica que, desde mi punto de vista, no ha sido lo suficientemente remarcada en el ejercicio de la ciencia, sobre todo en aquélla que linda con la realidad humana (otra manera de denominar al alma, todo sea dicho). Confieso que este modo de razonar heraclitano es lo que más me atrae del psicólogo estadounidense, lo mismo que de filósofos dionisíacos contemporáneos como Nietzsche, Cioran o Zambrano. Esto y, por supuesto, su cruzada por afianzar el erotismo, la belleza y la manía inherentes a la vida humana, con el fin de reforzar la vinculación del individuo con la naturaleza. Si a eso lo llamamos “terapia”, sea; yo en cambio lo llamo filosofar.

Afrontémoslo, en los ámbitos académicos europeos recelamos de los pensadores dotados con el raro don de la vis imaginativa, si bien algunos de tales pensadores se erigen como pilares fundamentales de nuestro basamento metafísico (Platón y Nietzsche, luz y sombra de un mismo universo resplandeciente, conforman un ejemplo perfecto de esta afirmación). De hecho, cualquiera de mis colegas historiadores que han adaptado el método histórico-crítico en sus quehaceres, bien podría espetarme que estoy siendo muy blando o parcial con aquellos autores que desconocen (a sabiendas o inconscientemente) la ecdótica, abriendo la puerta a la maraña interpretativa que conforman los tradicionalistas, junguianos u ocultistas de toda laya. Ante semejante recelo sólo puedo encogerme de hombros: el estudio historiográfico del hermetismo continúa su andadura al margen de sus díscolos interpretadores. Es más: para mí supone un verdadero placer ocuparme, desde posiciones académicas, de una filosofía viva y en pleno crecimiento.

Naturalmente, si dirigimos nuestra atención a los detalles, observamos cómo los esquemas de pensamiento varían de tal modo que nos es sencillamente imposible trazar paralelismos con la alegría de los adeptos al Western Esotericism; sin embargo, tampoco podríamos negar taxativamente que la “actitud psicológica” (anhelo de lo verdadero, espíritu religioso, actitud intelectualizante, angustia existencial) de un ciudadano de El Fayum del siglo segundo de nuestra era, fuera parecida a la de un psicólogo junguiano de los años setenta del siglo XX. Al fin y al cabo, la piedad íntima del hermetismo tardoantiguo “optimista” habla directamente al alma, con un lenguaje visionario erguido sobre dos piernas: una encaminada al conocimiento y otra a la experiencia estética. Otro debate lo constituiría el método de acercamiento a una y otra realidad y, por qué no reconocerlo, nuestra supina ignorancia con respecto a un mundo largo tiempo extinto, el antiguo, del que apenas conservamos una fracción de sus vestigios.

Hillman, en cualquier caso, representa una vuelta de tuerca a la dialéctica antigua: al arte de filosofar sobre la base del mito y la fantasía (“Mythology is a psychology of antiquity”, p. 23). Y con esa feliz afirmación de la vida nos quedamos.

¡Muchas gracias por seguir ahí!

Recursos sobre James Hillman y la psicología arquetipal

Videos

James Hillman on Changing the Object of our Desire:


James Hillman on Archetypal Psychotherapy. The Soulless Society:


The Archetypal Psychology and Psychotherapy Series (2-Video Series): https://www.psychotherapy.net/video/hillman-archetypal-psychology

Articles & interviews

James Hillman: Follow Your Uncertainty: https://www.psychologytoday.com/us/blog/freudian-sip/201102/james-hillman-follow-your-uncertainty
Conversations With A Remarkable Man: https://www.thesunmagazine.org/issues/439/conversations-with-a-remarkable-man

SHJ VII, 1. Leonora 1917

The power of Leonora Carrington’s magical gifts was apparent to me by the way we first met. I was then, a graduate student in Comparative Literature about to complete my dissertation on Surrealism at NYU in New York. My advisor, Prof. Anna Balakian, had requested me to add something on Latin American Surrealism in my dissertation, and time was running out on my deadline. There was nothing in the New York Public Library, and she had said she was returning from Latin America with important texts, BUT her valise with that documentation got stuck in transit and did not arrive in time.

A good friend of mine, Joanne Pottlitzer, who then had been the Director of TOLA (Theater of Latin America), an organization that brought playwrights from Latin America to NY, told me that she knew a woman Surrealist who wrote plays in Mexico. She gave me her address, and I immediately sat down and wrote to Leonora Carrington, not knowing that she was primarily a visual artist. She never replied. So, Joanne suggested that when she would return to Mexico she would visit Leonora and ask why she never answered me, and see if she might convince her to write back to me. Leonora told her in no uncertain terms that she was not interested in academics! What she really wanted to know was why the Feminists were burning their bras in New York. Now there was a question I could respond to, as I had become involved in the New York Feminist Movement. I rewrote to her, informing her of my affiliation with the Feminist Movement, and my desire to teach Surrealism with an inclusion of the women in the movement as soon as I would get my Ph.D. Leonora wrote back to me immediately and sent me money to purchase books on Feminism for her as well as books that had published her plays in France for myself. I was overjoyed, and set right to work. I still did not know that she was a visual artist. We had a lively correspondence in which she often addressed me playfully as Grande Mere or Grand Pere. I used to wonder: “What could she be thinking?” Her grandparents were probably not even alive at that time. Then, little by little, I came to understand her sense of humor, and also the way she was using humor to disguise the contents of her mail. Often her letters would be hidden within a Birthday card that you would have to open to its fullest extent in order to find a message folded and lying deeply within it. I came to understand that she was using playful surrealist humor to hide more important things that she wanted me to know. She was, at that time, active in the student revolt in Mexico City, and she was protecting herself. Soon she began to include newspaper articles about the student revolution in her letters.

One day a letter arrived that had hidden within it reproductions of her art work taken from a Mexican journal. When I opened them up, I was in a state of ecstatic awe. These were images that I felt I had seen in another world, another life. I had never had those thoughts before. This was so extraordinary. I decided I had better include her in my dissertation, because the world had to know about her fabulous paintings. My thesis was on Surrealist Theater in France and Latin America after WWII, but I just had to include her visual art in it. I told her about my intensely personal response to these images, and I asked for some reference material to guide me as I wanted to write about the work and include it in my dissertation, but did not have any documentation on her. She wrote to me saying that I would have to come to Mexico to meet her because, in fact, while the male Surrealists had books on their work, the women artists had nothing. She felt that she had been shelved and forgotten forever. I wish I could convey how completely shocked I was to learn that such an incredible artist was omitted from the History of Surrealist art. In fact, as I started to do research I only found her name mentioned with regard to her relationship with Max Ernst, her beauty, and her surrealist culinary creations. How was it possible that nothing was written on such amazing art? Leonora said I would have to visit her in Mexico to find out more about her. I could not do that because I had two daughters. We were preparing to spend the next academic year in Paris where my husband was to do Physics research. I did not know where to turn, so my sub-conscious took over. I somehow got the idea that I had to purchase a Mexican dress, put it on, and trust that the vibrations from Mexico would penetrate my brain, and I would understand her very mysterious and completely wondrous paintings. I did purchase a dress in Greenwich Village, and on July 6, 1971, I wore it as I stood at my kitchen table (my desk at the time), and addressed the cosmos in these words. “If I can’t go to Mexico, let Mexico come to me!” At that very moment, the telephone rang and a deep English accent spoke to me saying: “This is Leonora Carrington. I have just arrived in New York, and I would like to meet you”. I began to shake from the unbelievable synchronicity of her ‘call’ with my words that had invoked help from the cosmos.


Excerpt from Gloria F. Orenstein’s essay “Leonora Carrington’s Feminist Alchemical Vision and Extrasensory Perception: My Magical Journey of Friendship with Leonora Carrington (1971–2011)”.

Read the full issue here.

 

Paracelsos españoles (SHJ VI, 2)

“Católico fue tambien Paracelso, pues aunque su audaz ingenio le hizo caer en algunos errores, no fue Herege; porque la faltó la pertinacia, y asi como Católico fue enterrado en la Iglesia de S. Sebastian de la Villa de Salisburgo, donde está decorado su sepulcro con tan glorioso epitafio, que hasta aora ningun Medico Hippocratico, ó Galenico le logró tan Ilustre”. Benito Jerónimo Feijoo, Ilustracion apologetica al primero y segundo tomo del Teatro critico…, por Miguel Escribano, 1773.

He aquí un nuevo número académico de Studia Hermetica Journal, escrito íntegramente por el Dr. Miguel López Pérez, a quien debo agradecer, una vez más, su generosidad y buen hacer y, sobre todo, los cuatro excelentes artículos que aquí presentamos. La historia del paracelsismo español, una terra ignota hasta hace no tanto tiempo, encontrará un antes y un después en este sexto volumen de esta nuestra aún joven revista.

Paracelsus, una figura enigmática, sumida en la bruma del ocultismo desde el Siglo de las Luces, a quien los aficionados al esoterismo recurren para justificar pseudociencias y galimatías; citado hasta la saciedad por literatos y cineastas… y también por académicos amparados tras la rosa luterana. Y sin embargo es conocido en profundidad por unos pocos escogidos, con Carlos Gilly, Joachim Telle y Didier Kahn a la cabeza. Pero, ¿quién fue en realidad Paracelso? Una rápida búsqueda en la red nos brinda, como suele ser habitual, numerosos equívocos, pistas falsas y medias verdades, por lo que se hace indispensable que busquemos mejor y más profundamente.

Tenga en cuenta que el hermetismo que usted conoce o cree conocer, no es más que el fruto marchito de sucesivas polémicas mantenidas en el seno del ámbito académico centroeuropeo. Pero de este acalorado debate religioso y filosófico, emergería un solo ganador: la ciencia moderna, que se iría arrastrando muy lentamente hasta su estrellato decimonónico. Podríamos decir, con una intención estrictamente divulgativa, que en este debate se enfrentaron la ortodoxia abstrusa derivada del aristotelismo académico, las autoridades luteranas y calvinistas, la Contrarreforma católica y nuestros filósofos hermético-platónicos, defensores de una visión del mundo caracterizada, en general, por los siguientes elementos: 1. Una metafísica o teodicea gnóstico-platónica. 2. Una imagen del hombre como centrum mundi[1]. 3. Una actitud favorable a la intervención humana sobre la naturaleza, si bien ejercida a través de las famosas “ciencias ocultas”, la astrología, la magia y la alquimia.

Pero quítese la venda de los ojos, amigo lector, porque la realidad fue muchísimo más extraña, compleja y apasionante. Cada autor vio en el hermetismo, la magia o la alquimia lo que quiso ver, y las controversias en el seno de cada facción fueron feroces. De hecho, nuestras regias artes fueron con frecuencia llevadas a cabo por vividores y golfos de toda condición, y por ese motivo, cuando algunos de mis colegas tratan de meter en el mismo saco a santurrones alucinados, apasionados filósofos, apóstatas recalcitrantes y cicateros estafadores, no puedo evitar sonreírme. Como bien escribe el Dr. Miguel López Pérez: “Si ya resultaría muy interesante poder contar con una definición certera de la Alquimia y poder ofrecerla, a nosotros se nos antoja aún más interesante conocer qué era lo que las personas de esos siglos pensaban sobre ella”[2]. Sólo puedo aplaudir su punto de partida, porque así es como se logran los mayores descubrimientos en este oficio. Sí, es indudable que el espíritu de cada época determina el modo de proceder de sus actores, pero éstos confieren distintos significados a aquello que leen y escriben.

A este respecto recomendaría, por esclarecedor, la lectura del capítulo 6 del estudio sobre el humanista Bernardino Gómez Miedes que hoy presentamos, dedicado a la recepción de las doctrinas de Paracelso en Europa. Y para la recreación completa y a todo color de uno de esos “escenarios complejos” que tratamos de poner sobre la mesa, obsérvese el siguiente cuadro extraído del tercer artículo del volumen sexto que hoy nos ocupa, “Los hijos de Paracelso”:

En palabras del propio Dr. Miguel López (“El humanista Bernardino Gómez Miedes…”, p. 50):

“En realidad, el gran logro de Paracelso fue el ver este problema, el de la disfunción entre Aristóteles y la realidad de la experiencia. Es por ello por lo que él creó un nuevo lenguaje donde, por medio de la experiencia no se podían aceptar los dogmas de Galeno como verdaderos. El purismo extremo de Valla y su defensa del vulgaris sermo no esconde otra cosa que la fase de un proceso que se acrecentará en el siglo XVI y provocará una crisis epistemológica extensiva a la Universidad por medio de la Filosofía”.

Johann Arndt (1555-1621), Alexander von Suchten (ca.1520-1575), Giordano Bruno (1548-1600), Heinrich Khunrath (ca.1560-1605), Gerhard Dorn (ca.1530-1584), Cesare della Riviera (d. ca. 1615), Petrus Severinus (1542-1602) y, por supuesto, Theophrastus Bombastus von Hohenheim (1493-1541), más conocido como Paracelso, hablaron de “leer con las manos” en el gran libro de la naturaleza[3]. Así, de acuerdo con cierta visión romántica, todos habrían sido héroes de la humana sapienza, los verdaderos sabios capaces de acceder al santuario del alma de la madre naturaleza, de conocerla y alterarla mediante las ciencias ocultas. Aun con todo, este esquema de pensamiento encaja mucho mejor en el Paracelsian revival (es decir, en la actualización y reinterpretación que llevaron a cabo los seguidores de la obra de Paracelso tras su muerte) que en humanistas “clásicos”, como lo fue el médico suizo. El Arbatel. De Magia veterum (Wesel: Andreas Luppius, 1686), confirma la divinización del viejo maestro, con un aforismo tan bello como explicativo: “HERMES TRISMEGISTUS EST SECRETORUM PATER CUM THEOPHRASTO PARACELSO et in se omnes vires habent secretorum”[4].

En mi cabeza resuenan aún las palabras del Dr. Carlos Gilly (y estoy parafraseando):

“La ciencia moderna fue el fruto de la experimentación de las grandes personalidades que la hicieron posible, pero sin el ataque continuado y organizado que el hermetismo ejerció contra la ortodoxia aristotélica y las autoridades eclesiásticas, el camino hacia ella hubiera sido aún más costoso”[5].

Y sin quitarle la razón, no es menos cierto lo que el especialista en paracelsismo hispánico, el Dr. Miguel López, sostiene en dos de los cuatro artículos publicados en este sexto volumen de SHJ: Paracelso es, en buena medida, un mito historiográfico defendido por sus supuestos continuadores; porque es innegable que el “Lutero de los médicos”[6]o el “Trismegisto germánico”, como se le llegó a conocer, fue mediatizado y utilizado como arma arrojadiza durante las décadas posteriores a su muerte y, afrontémoslo, algunas de sus doctrinas (e incluso obras) no son más que adiciones y reinterpretaciones posteriores, de ahí la dificultad de su estudio.

Sin embargo, lo que hoy tenemos entre manos no son ni Paracelso ni el paracelsismo en sí mismos, sino por qué sus doctrinas no fueron, al parecer, difundidas en el Imperio hispánico. Considerando que en la revista Azogue se ha tratado de dilucidar esta cuestión desde 2001, y que tanto la Dra. Mar Rey como el Dr. Miguel López llevan trabajando en ello desde hace bastantes años, me resta hacer una pequeña introducción a los dos primeros artículos —aquellos que abordan directamente la cuestión—, de los cuatro que integran esta inusualmente voluminosa entrega de SHJ.

 

“Paracelso en España”

Este artículo del Dr. Miguel López Pérez supone la versión completa (y en castellano) de su anterior artículo “Spanish Paracelsus Revisited and Decontaminated”. Sus tesis son las siguientes:

1. Paracelso, en su dimensión médico química, no fue censurado jamás en España, e incluso llegó a ser defendido por autores como Gaspar Bravo de Sobremonte, Jerónimo de la Fuente y Piérola[7], Benito Feijoo, Guillén Pierres o Diego Torres de Villarroel[8].

2. Paracelso resultó “innecesario” en un Imperio hispánico inspirado por una tradición médico-química y alquímica que descendía de figuras como Arnau de Vilanova, Rupescissa y el pseudo-Ramón Llull[9]. Así, afirmar la radical novedad de la medicina paracelsista, supone ignorar la tradición alquímica medieval española, que ya hacía uso de técnicas como la destilación y la elaboración de medicamentos, entre otras[10].

3. El Imperio “tenebroso” de ortodoxia y represión política y religiosa perpetrado por Felipe II, no fue tal: el Princeps Hispaniarum alentaría la ciencia como parte de su agenda de modernización renacentista. Como bien afirma el Dr. López Pérez: “la persecución religiosa española provocó menos muertes que la de cualquier otro país europeo, la religión católica estuvo prohibida en Inglaterra durante más de un siglo y Enrique VIII mató a más católicos que la Inquisición de España, Italia y Alemania juntas”[11].

4. Los libros de alquimia y filosofía natural eran, al contrario de lo que se piensa, muy comunes en las bibliotecas capitulares (y universitarias)[12].

5. Paracelso murió católico; fueron los médicos y teólogos protestantes quienes, décadas después, mediante un ejercicio de sincretismo religioso, adhirieron y reinterpretaron la magna obra del médico suizo, acercándola a las posturas hermético-platónicas del periodo[13].

 

“El humanista Bernardino Gómez Miedes (ca. 1515-1589) y la alquimia”

En este interesantísimo artículo, se nos introduce en la figura del primer crítico antiparacelsista español, Bernardino Gómez Miedes, de quien destacamos, cómo no, su visión sobre la alquimia practicada en el periodo[14]:

“-2-18,1 Este arte, no obstante, aunque sea cierto en gran parte, sin embargo parece que en una proporción mayor se mueve en torno a la duda y la incertidumbre. En sus mismos resultados no sólo suele vacilar (lo cual diría con su permiso), sino también excavar galerías subterráneas, por así decirlo, por donde se desvanece y desaparece hasta burlarse al final de los propios artífices merecidamente y con razón, porque éstos intentan en su necedad no sólo emular a la Naturaleza, sino también ponerse a su nivel y casi superarla”.

Asimismo destacamos sus comentarios acerca de la sal, el húmedo radical y el calor innato”[15], así como las explicaciones que ofrece el Dr. López Pérez acerca del neumatismo[16], esenciales para nuestra comprensión de tales doctrinas médicas. De la misma manera, se hace indispensable conocer las opiniones de reputados médicos acerca de la confección del famoso “oro potable”[17]y la “quintaesencia”[18].

Especial referencia nos merecen también los relatos de fraudes y falsos alquimistas:

“El mundo está lleno de falsos alquimistas. A los señores, los gentilhombres, los mercaderes y las gentes de baja clase, les prometen enriquecerles en poco tiempo, enseñarles los medios de congelar el mercurio, de cambiar el plomo, el estaño, el hierro, el mercurio en plata u oro”[19].

Es en las continuas referencias a textos poco o nada conocidos donde podemos comprobar la extraordinaria valía académica de este nuevo artículo, de cuyo adelanto pudimos disfrutar meses atrás, en lo que respecta al apartado dedicado a “los charlatanes”[20].

La Historia es, con frecuencia, un conjunto de relatos que nos solemos brindar los seres humanos con el espurio propósito de justificarnos, sanar dolorosas heridas o retratarnos… y no como realmente fuimos, claro, sino como nos gustaría haber sido. Un epitafio académico en el que reposar nuestra conciencia y dormir el sueño de los justos. Hablo, claro está, de la imagen que del Imperio español se tuvo (y retuvo) en los países anglosajones. Me hago eco también de la leyenda negra que pende sobre nuestra Historia, alimentada durante siglos por la habitual desidia académica del ámbito hispanohablante. Sí, ha leído bien, estimado lector, porque si a alguien hay que responsabilizar de la decadencia de nuestro ámbito, es a nosotros mismos. Todos los imperios tuvieron detractores y enemigos, pero rara vez se ha visto que la población de tales imperios se haya contaminado por la hábil contrapropaganda difundida por sus oponentes. De todos modos, si los reinos peninsulares embarrancaron al alba de la modernidad, fue debido al modo natural en que se conduce la Historia desde siempre, pero ¿y qué hay de la pervivencia de las culturas hispánica y portuguesa? El legado de dos siglos de influencia y dominación que los reinos de la península ibérica ejercieron sobre el resto del orbe, se traduce en la actualidad en casi quinientos millones de hablantes de español y más de doscientos millones de hablantes de portugués. Ya va siendo hora de que nuestra voz resuene en consonancia con nuestra verdadera fuerza.

Como conclusión, permítame quedarme con la reflexión de la Dra. Mar Rey (quien, por cierto, prologa este nuevo número) recordando una reveladora conversación que mantuvo con José Rodríguez Guerrero[21]:

“Olvidamos que, si no abrimos nuestro objetivo, dejamos a oscuras determinadas parcelas que resultan imprescindibles para tener una visión global del período. Cuando comenté esta cita con José Rodríguez Guerrero hizo una reflexión que, desde entonces, me ha dado mucho que pensar: los españoles de la Edad Moderna tenían los ojos vueltos hacia América, de donde venían novedades un día sí y otro también, de ahí que muchas de las acaloradas disputas observadas en otros puntos neurálgicos de Europa apenas si tuvieran repercusión en la Península”.

El Imperio hispánico fue un titán con vocación atlántica, poderoso e imbatible durante siglos; nostálgico del esplendor romano que sucumbiría impávido al cambio de era.

¿Saben con qué me quedo? Con el futuro de nuestra cultura adormecida y con el enorme potencial de todo un continente, el americano, que aún se comunica y comprende el mundo en español y portugués. A esa América dedicamos este número.


Imagen: “Retrato de Paracelso, alterado por software de edición de imagen, realizado por un artista flamenco desconocido”, Museo del Louvre (s. XVII). Copyright of the museum.
[1] Carlos Gilly, “Il Dibattito Intorno a Paracelso in Basilea”, Azogue 7, p. 263: “Oggetto di questa reazione era in particolare l’idea che l’uomo, in quanto microcosmo, potesse penetrare e comprendere la Natura o macrocosmo, fino ad interpretarne il corso, correggerlo o, addirittura, ripristinarlo per mezzo del suo spirito (corpus sydereum per Ficino, corpo astrale–luce della Natura dentro l’uomo per Paracelso, spirito di Dio dentro l’uomo per Suchten, oppure attraverso l’esperienza di uno spirito planetario esterno come insegna l’Arbatel). Era questa in sostanza l’immagine neoplatonica e magica del mondo che serviva da cornice teorica alla ricerca sperimentale di Paracelso”.
[2]“El humanista Bernardino Gómez Miedes…”, p. 58.
[3] Magia, alchimia, scienza dal ‘400 al ‘700…, vol. II, p. 103.
[4] “Il Dibattito Intorno a Paracelso in Basilea” (Azogue), Carlos Gilly, 263: “Tutto ciò secondo un ben preciso piano di rinnovamento: una nuova riflessione critica su religione e scienza alla luce della vera magia degli antichi, e cioè del raccordo tra la tradizione ermetica e la scienza sperimentale di Paracelso: “Hermes Trismegistus est secretorum pater cum Theophrasto Paracelso, et in se omnes habent vires secretorum”, come si legge nell’aforisma XXVI dell’Arbatel”.
[5] Durante su conferencia en el curso de postgrado “Las Máscaras del Mago II” (2012), Universidad de Granada.
[6] Carlos Gilly, “Zwinger e Paracelso” (Azogue 7), p. 307: “Se Paracelso si meriti il soprannome di “Lutherus medicorum”? Assolutamente no. Piuttosto quello dell’eresiarca Ario! O meglio ancora: se non quello di Tessalo da Tralle, certo quello di Tessalo da Einsiedeln”.
[7] Cfr. “Paracelso en España”, p. 20.
[8]Ibid., p. 21.
[9] Ibid., pp. 13-15.
[10] Ibid., pp. 13 y 15 y ss. Cfr, también, pp. 16-17: “No fue el primero prácticamente en nada. El sistema galénico ya estaba desprestigiado, el uso de la destilación, tanto para la Farmacia como en Alquimia era algo mucho anterior a él y el uso de metales y minerales también”.
[11] Ibid., p. 5.
[12] Ibid., p. 10. Cfr. también p. 6: “…los libros expurgados, no prohibidos, impresos del siglo XVI sobre ciencia eran el 7.6 %, y un 7 % los del periodo 1684-1785, y si tomamos los años en que se abrieron más causas contra los protestantes, entre 1551 y 1580, en la Inquisición de Toledo, el porcentaje también fue el 7,3 %. Y, finalmente, Felipe II no sólo no prohibió la ciencia, sino que la alentó siempre”.
[13] Ibid., p. 10: “De esta manera, y mediante un doble proceso de prohibición católica y sincretismo protestante, el paracelsismo, que no había nacido católico ni protestante, fue transformándose en una herejía protestante”.
[14] “El humanista Bernardino Gómez Miedes…”, p. 60.
[15] Ibid., pp. 36-37.
[16] Ibid., pp. 37-40.
[17] Ibid., pp. 41-44.
[18] Ibid., p. 47.
[19] Ibid., p. 28 y nota ad loc.
[20] Ibid., pp. 33-36.
[21] Presentación de Mar Rey a Azogue, 7, p. 5.
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