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Essay on the pleasures of imagination

En el presente estudio argumentaremos sobre la relación entre los Essays on the pleasures of imagination de J. Addison1 y las filosofías de la naturaleza del siglo XVIII, partiendo de la obra pictórica y poética de William Blake y el paisajismo visionario de los pintores románticos.

1. El artista, condición de mundos y de tiempos

Las alas del artista se despliegan en todo su esplendor; Ícaro sobre un laberinto armado con el fuego de Prometeo: el Sol negro que oscurece el mundo se muestra incapaz de derretirlas, y sin embargo su alma ha estado abocada a la caída desde su nacimiento. Schopenhauer aplicó meticulosamente un barniz filosófico sobre el vértice renovado del mundo: el individuo sería de este modo “el portador necesario, la condición de todos esos mundos y de todos esos tiempos”.2 Cualquiera lo sería al descubrirse atónito en la contemplación de la eternidad, desvalido frente al horror inmediato de la Naturaleza mas, a pesar de todo, sabiéndose vértice necesario de su despliegue. El artista enfebrecido por las musas actuaría de este modo como el demiurgo malvado de Urizen, descrito por William Blake (1757-1827) en su Génesis alternativo: dando forma a la naturaleza bruta, henchido de esa juguetona inspiración susurrada por los daimones. A Sócrates sugirieron tales espíritus que compusiera música en la antesala del Hades, mientras que al alba del Romanticismo retarían a las naturalezas jóvenes a una fusión con lo sublime mediante el acto sagrado de la creación.

Adán Kadmon (“Los”, en la jerga de Blake), se elevaría en alas de la imaginación (el supremo don de los dioses reservado a unos pocos escogidos)3 hacia el Alma Inmortal.

En dicho proceso, la percepción de este hombre primordial se torna infinitamente activa, en defensa de un concepto de la obra artística decididamente transformadora. No mira a su alrededor con los ojos vagos del científico, meros secretarios del fenómeno, sino que cual teúrgo se hace dueño del vehículo anímico ascendiendo o descendiendo (¿acaso hay alguna diferencia?).

James Barry4 nos muestran en sendos grabados5 una imagen del maligno que en todo recuerda al Adán-Los de Blake; no en vano, de acuerdo con cierta doctrina gnóstica6, el oscuro ángel en rebelión se identifica con el libertador de los hombres encadenado a causa de su osadía. El artista se ve reflejado con facilidad en esta dualidad de luces y sombras en la que radica la esencia profunda de su obra, quizás de la naturaleza humana misma.

Shall bruise the head of Satan, crush his strength,

Defeating Sin and Death, his two main arms7.

A raíz de la materialización de sus visiones y en virtud de éstas, era posible alcanzar una suerte de iluminación extática capaz de comunicarnos con la divinidad. El mundus imaginalis establece así una barrera que separa la imaginación creadora e intelectiva del artista del coro de espíritus angélico que permea el macrocosmos; todo símbolo se revela como un arcano evaluable desde una perspectiva holística.

2. Cosmogénesis alquímica8

“Allí mezclaron y confundieron todos los elementos del bien y del mal, el dolor y la alegría, la fealdad y la hermosura, la abnegación y el egoísmo”9. Los chiquillos imitaban así la técnica de Brahma, para acabar perpetrando una aberración sin orden ni concierto. Nacía así nuestro mundo en perpetua lucha de contrarios; esa marmita en la que el artista-alquimista vierte las sustancias materiales y anímicas de las cosas, con el fin de engendrar el reflejo y la sublimación mismas de la Naturaleza, o en una palabra, arte. El artista no se comprende así salvo recurriendo a la paradoja y al oxímoron: “There is not a sight in nature so mortifying as that of a distracted person, when his imagination is troubled, and his whole soul disordered and confused.”10. Le conduce este embarazo incesante a la catatonia y la narcolepsia, sendos estados alterados del alma que le invitan por un lado a combatir un mundo que a su vez brama por ser alumbrado, y por otro a recostarse cual fumador de opio en el sueño profundo del delirio, en la búsqueda de fantasías oníricas que acaben por atenuar la poca “realidad” con la que aún cuenta.

Addison muestra una comprensible afición por la emblemática cosmológica-alquímica11, epítome de un modo de acercamiento noético a los misterios naturales, siguiendo un esquema interpretativo propio de la Naturphilosophie que vería alumbrar el contradictorio Siglo de las Luces, de la mano de pensadores eclécticos tan reconocidos como Emanuel Swedenborg (1688-1772)12 o Franz van Baader (1765-1841); la “alquimia” a la que aquí aludimos no se correspondería a las técnicas de crisopeya nacidas en Egipto durante el periodo helenístico, sino a una particular clase de ars combinatoria de orden pansofístico, cuya emblemática inspiraría sobremanera a poetas-pintores como Blake a la hora de confeccionar sus “enigmáticas” obras de profundo raigambre gnóstico. A la luz de la soterrada tradición manuscrita mágico-alquímica que venía gestándose desde el siglo XVI, las fantasías brumosas de los grandes visionarios románticos o simbolistas no nos resultan tan sorprendentes y renovadoras13; valga como ejemplo de nuestra afirmación el Pneumo-Cosmic Manuscript, MS Ferguson 115 (Glasgow University Library), del que nos permitimos adjuntar una muestra de sus emblemas.

“Vegetating in fibres of blood”, reza la leyenda de la acuarela de Blake que adjuntamos: su interpretación es compleja a la fuerza:

The globe of life blood trembled Branching out into roots; Fib’rous, writhing upon the winds; Fibres of blood, milk and tears;

In pangs, eternity on eternity14.

¿Quién dice que el mester de los artistas no fue el de conocer el estado primigenio del mundo, oscura eternidad heredada de las Biblias cristiana y “pagana” (i. e. Timeo platónico)? La lectura de los gnósticos de todo orden nos informa sobre un modo de argumentación pictórica que dibuja con palabras y pinta relatos de dioses olvidados. La sangre, sustancia pneumática que mantiene cohesionada la vida cual orbe, es el puro dolor el que penetra hasta el último de lo creado increado, en una eternidad sin nombre.

Mucho se ha discutido acerca de las múltiples capas semánticas consustanciales a los diagramas y metáforas de los filósofos naturales desde su germen renacentista: perdidas sus tradiciones en el afán de apartar sus secretos del resto de mortales, hemos de recurrir, al menos parcialmente, a la radical subjetividad de sus artífices para apenas vislumbrar el sentido último de sus emanaciones excogitantes, de ahí sus grandes dificultades hermenéuticas.

3. Paraísos perdidos

Pero nos hemos centrado en exceso en una suerte de antroposofía de la génesis artística; es tiempo de ampliar nuestro campo de visión a ese espectáculo desnudo de la naturaleza que denominamos “paisaje”, un conjunto fenoménico que sirve de inspiración, alimento y finalidad al artista romántico. Hablamos de un paisaje espiritual en el que la extensión actúa como espejo del alma del artista-demiurgo; semilla espiritual inconsciente de la obra artística lo mismo que de la “tríada inefable” Dios-Naturaleza-Hombre, en correspondencia con la filosofía de Friedrich Wilhelm Schelling (1775-1854). El mundo no sería más que una autorrepresentación volitiva en perpetuo movimiento.

¿Por qué los paisajes descritos o pintados por los artistas románticos15 muestran lúgubres, hórridos, apabullantes, inquietantes y, en definitiva, sublimes paisajes? Paradise Lost (1667)16 constituiría el tronco común que insuflaría de savia el frondoso ramaje pintores y escritores románticos: The Seven Angels of the Presence wept over Miltons Shadow!17 La obra de Milton serviría de portada para una generación de visionarios impelidos por el Sturm y el Drang que yacían en el seno de sus torturadas almas. La pintura constituiría una vía de revelación para las revelaciones de esos artistas-demiurgos-alquimistas: John Martin, Gustave Doré, Thomas Cole, John Henry Fuseli o Giovanni Battista Piranesi. De algún modo, los anónimos autores de los emblemas barrocos se desligaban gloriosamente de los textos que les relegaron durante siglos al papel de meros ilustradores de lo sublime; era hora de que éstos se tornaran en dueños del sobrecogimiento de sus atónitos espectadores. Y decimos más: su depurada técnica y lo extraordinario de sus composiciones escapaban de la simple representación de temas mitológicos o religiosos para convertirse en pura epistemología; didáctica sagrada de otros tiempos y otros lugares (reales o imaginados, tanto da) de los que sólo teníamos noticia a través de los textos sagrados: el don de transformar la idea sublime en un producto tangible superaría el paradigma medieval de la metáfora.

Ralenticemos nuestro paso por un instante: existe, de acuerdo con Addison, una verdad poética y una verdad filosófica18; súmese en virtud del adagio ut pictura poesis, una verdad pictórica. Pintores y poetas, “perdidos para el mundo, decidieron construirse su propio mundo”19. Roma, Jerusalén, Babilonia, Pompeya y Herculano (quizás incluso Pandaemonium): villas de las sombras, antiutopías de las ciudades del sol de Santo Tomás de Aquino y de Tommaso Campanella y la Adocentyn de Hermes Trismegisto; su bella decadencia daba testimonio de una época dorada cuyos restos rezumaban la gloria de los atlantes. Los frutos de la perversa imaginación de sus domini presentan un perfecto paisaje destinado al disfrute de la humanidad, y por ende concebido de acuerdo con los ciclos celestes.

En el ocaso del mundo, un Homero romántico pasea despreocupado por sus ruinas, maravillado a la par que aterrorizado ante el cruel destino reservado a los hombres20.

Fuentes consultadas

ADDISON, Joseph, Essays on the Pleasures of the Imagination, Netherlands: National Library of the Netherlands, 1828.

———, Ensayo sobre el placer de la imaginación (ed. Josef Munarriz), incluido en Los placeres de la imaginación y otros ensayos. The Spectator, Madrid: Visor, colecc. La Balsa de la Medusa, 1991, pp. 129-217.

BLAKE, William, The complete prose & poetry of William Blake, Newly Revised ed. David V.; Harold Bloom, Anchor, 1988.

Ediciones digitales consultadas:

Blake Archive (URL: http://erdman.blakearchive.org/).

Arizona State University (URL: https://blake.lib.asu.edu/html/home.html).

MILTON, John, The Poetical Works of John Milton, Philadelphia: Charles Dexter Cleveland, ed. Lippincott, Grambo, 1853.

———, Paradise lost, ed. digital The Project Gutenberg (URL: https://www.gutenberg.org/cache/epub/26/pg26-images.html).

Bibliografía secundaria consultada

Dictionary of Gnosis & Western Esotericism, ed. Wouter J. Hanegraaff, Leiden: Brill, 2006.

HERNÁNDEZ-PACHECO, Javier, La conciencia romántica, Madrid, Tecnos, 1995.

RAQUEJO, Tonia, Los placeres de la imaginación y otros ensayos. The Spectator, Madrid: Visor, colecc. La Balsa de la Medusa, 1991.

SÁNCHEZ MECA, Diego, Historia de la filosofía moderna y contemporánea, Madrid: Dykinson, 2010.

YATES, Frances, A., The art of memory, EE.UU.-Canadá: Routledge, 2013. Páginas electrónicas consultadas (activas en junio de 2020)

Obras pictóricas y literarias de William Blake

The William Blake Archive (URL: http://www.blakearchive.org/).

Páginas electrónicas: catálogos de museos

TATE. ILUSTRACIONES DEL LIBRO DE URIZEN, DE WILLIAM BLAKE.

URLs: https://www.tate.org.uk/art/artworks/blake-first-book-of-urizen-pl-21-t12999).

https://www.tate.org.uk/art/artworks/blake-first-book-of-urizen-pl-15-t12997).

TATE. Gothic Nightmares: Fuseli, Blake and the Romantic Imagination: Room 1 (URL:

https://www.tate.org.uk/whats-on/tate-britain/exhibition/gothic-nightmares-fuseli-blake-and- romantic-imagination/gothic).

CATÁLOGOS DE ARTE DIGITALES

Art UK (URL: https://artuk.org/discover/artworks/the-shepherds-dream-from-paradise-lost- 117746/search/actor:fuseli-henry-17411825/page/1/viewas/grid).

Davidson Galleries (URL: https://www.davidsongalleries.com/artists/antique/giovanni-battista- piranesi/).

Europeana (URL: https://www.europeana.eu/es/search?page=1&view=grid&query=piranesi).

NOTAS:

  1. Tomaremos como texto de referencia principal la obra de RAQUEJO, Tonia, Los placeres de la imaginación y otros ensayos. The Spectator, Madrid: Visor, colecc. La Balsa de la Medusa, 1991. En segundo lugar, el texto de HERNÁNDEZ-PACHECO, Javier, “Arte y libertad: la herencia de Schiller”, en La conciencia romántica, Madrid, Tecnos, 1995, pp. 85-105. Adjuntamos al final del estudio una relación completa de las obras pictóricas mencionadas explícitamente en nuestro texto.
  2. Parafraseamos la cita de SCHOPENHAUER, A. contenida en El mundo como voluntad y representación, Barcelona: Orbis, 1985, vol. II, p. 39. La cita explícita sería la siguiente: “Pero al propio tiempo, contra este fantasma de la propia nada, contra una mentira tan imposible, se levanta en nosotros la conciencia inmediata de que todos esos mundos no tienen existencia más que en nuestra representación, de que no son más que modificaciones del sujeto eterno del conocimiento puro de que nosotros mismos somos este sujeto, tan pronto como olvidamos nuestra individualidad, convirtiéndonos en el portador necesario, en la condición de todos esos mundos y de todos esos tiempos”.
  3. Sobre el importante concepto de imaginación, cfr. RAQUEJO, T., op. cit., pp. 73 y 79. Asimismo, la nota ad loc. 102, en la que trascribe la visión de Keats sobre las distintas “habitaciones” que conforman las edades humanas; el “peso del misterio” atenaza a una mente cuya percepción ha alcanzado ya la última fase evolutiva (p. 80).
  4. Cfr. la biografía y obra escogida de este interesante autor irlandés en Art UK (URL: https://artuk.org/discover/artists/barry-james-17411806).
  5. “Satan and his Legions Hurling Defiance Toward The Vault of Heaven” (c.1792-94) y “Satan, Sin and Death” (c.1792–1808).
  6. Por ejemplo, la secta gnóstica de los ofitas. Para una introducción general, cfr. Encyclopaedia Britannica (URL: https://www.britannica.com/topic/Ophites).
  7. MILTON, John, The Poetical Works of John Milton, Charles Dexter Cleveland, ed. Lippincott, Grambo, 1853, XII, 430-431, p. 268.
  8. Sobre esta cuestión, RAQUEJO dedica un espacio destacado en su estudio (op cit.), pp. 49 y ss.
  9. Cfr. Leyendas de BÉCQUER, G. A., Obras completas de Gustavo Adolfo Bécquer, “La creación. Poema indio”, XVI, ed. digital e-artnow, 2013.
  10. 10 ADDISON, Essays on the Pleasures of the Imagination (1828), p. 68.
  11. ADDISON, ibid.: “Nothing is more pleasant to the fancy, than to enlarge itself by degrees, in tis contemplation of the various proportions which its several objects bear to each other, when it compares the body of man to the bulk of the whole earth, the earth to the circle it describes round the sun, that circle to the sphere of the fixed stars, the sphere of the fixed stars to the circuit of the whole creation…” (pp. 61-62). 
  12. No en vano, SWEDENBORG partiría de una obra puramente “científica” para concluir con la obra teológica reformadora por la que nos sería más conocido; una vez más, el estudio de la naturaleza en sí misma acabaría por inspirar o mediatizar un acercamiento visionario a la misma. Y es esta indistinción entre el pensamiento científico y la reflexión religiosa, la propia de un periodo en el que el cisma epistemológico aún no se había hecho presente en toda su crudeza.
  13. No estamos de acuerdo con RAQUEJO en que haya que aguardar a los románticos para poner en relación la imaginación como motor del entendimiento: “Tendremos que esperar, sin embargo, al Romanticismo para que el concepto de imaginación trascienda del mundo de lo sensible y adquiera un carácter cognoscitivo” (cfr. RAQUEJO, op. cit., p. 73). En este sentido, recomendamos el estudio de la obra introductoria de YATES, A. F., The art of memory (2007), en la que se describe minuciosamente la paidea antigua y medieval con respecto a este modo de aproximación propedéutico sobre la base de imágenes, metáforas, diagramas y símbolos, por no mencionar la aproximación histórico-crítica de investigadoras como Barbara Obrist, que se acercan a los textos alquímicos medievales desde la iconografía. Por el contrario, es el Romanticismo el que beberá de estas fuentes, partiendo de la obra autores insertos en la Teosofía cristiana como Jacob Boehme (1575-1624).
  14. Cfr. BLAKE, W., The first book of Urizen (ed. digital). URL: http://erdman.blakearchive.org/#78).
  15. 15 Aludimos aquí a un tipo específico inserto en este movimiento, el Romantisme noir, caracterizado por su íntima relación con los aspectos más oscuros y místicos de la experiencia artística y las tradiciones filosóficas asociadas.
  16. El texto de RAQUEJO hace mención de esta obra clave en las pp. 48 y ss. ADDISON la tomaría como el ejemplo más representativo de literatura “sublime”.
  17. Cfr. BLAKE, W., MILTON, a poem in 2 books (URL: http://erdman.blakearchive.org/#109).
  18. Cfr. RAQUEJO, T. op. cit., p. 69.
  19. Parafraseamos aquí la genial sentencia de NIETZSCHE, F., Obras inmortales, Ediciones Brontes, 2019, p. 434: “Quiere hacer el espíritu su propia voluntad, perdido para el mundo, se conquista ahora su propio mundo”.
  20. Remitimos al lector a la genial cita de HERNÁNDEZ-PACHECO, J., op. cit., p. 97: “Grecia es un ideal temprano de humanidad que pronto se marchita. Y en ese sentido, como la juventud para el hombre, es un ideal engañoso que guarda en sí el germen de su propia decadencia”.
Los’ Spectre torments him at his smithy in Jerusalem. This image comes from Copy E. of the work, printed in 1821 and in the collection of the Yale Center for British Art.
First Book of First Book of Urizen pl. 21, 1796, c.1818.
Object 32 (Bentley 32, Erdman 33 [36], Keynes 32), 16.9 x 11.4 cm.
James Barry, Satan, Sin and Death, c.1792–1808.
Satan, Sin and Death circa 1792-1808 James Barry 1741-1806 Purchased 1992 http://www.tate.org.uk/art/work/T06578
Opera magia naturalis, MS Ferguson 115 (ca. XVII)
MILTON a Poem in 2 Books, Object 1 (Bentley 1, Erdman i [1], Keynes 1), 16.0 x 11.2 cm.

Los desconocidos

Desconocidos para nosotros; para usted y para mí. Y sin embargo, sus historias fueron fascinantes; sus personalidades, arrolladoras, entrañables y potentes; sus hechos, indescriptibles. Si hubiéramos tenido la oportunidad de convivir con ellos, con seguridad les habríamos amado; no cabe duda de que nuestras vidas habrían sido más intensas, productivas o interesantes a su lado.

Son esas personas que no conocemos, ni tan siquiera a través de las letras rectilíneas de los libros. Personas fascinantes que vivieron en un olvidado tiempo… o bien que lo harán en un futuro que ya no experimentaremos. De su existencia no podríamos tener noticia aunque nos empeñáramos con todas nuestras fuerzas. Porque sus profundas o sensuales voces no fueron grabadas, ni sus manos fueron registradas llevando a cabo inmensas obras artísticas, o hazañas épicas que bien habrían valido un canto homérico. Tampoco sus nombres están debidamente referenciados en insignes y rimbombantes libros de historia, o en crónicas o tratados filosóficos; ni tan siquiera en cartas o diarios.

Les imagino bellos e íntimos, puede que envidiados, quizás solos haciendo frente a una realidad radicalmente adversa. Y digo más: puede que ningún otro ser humano (aparte de sus seres más próximos y queridos, si los hubiere o habrá) haya tenido o tendrá noticia de sus gestas. Jamás.

¿Sabe? Detesto la palabra “anónimo”; y lo hago porque implica una mentira revestida de un ridículo disfraz de verdad. Todos y cada uno de nosotros seremos “anónimos” para los que nos sucedan. Tentado estoy de afirmar que ya lo somos para nuestros congéneres, por mucho que alcancen a manosearnos. A pesar de que nuestros caretos circulen en los registros exhaustos (bajo la críptica etiqueta de ‘YouTube’ o ‘Facebook’) de algún extraño historiador dentro de cientos de años, ellos ya no nos conocerán. Ignoro si nuestros nombres, pintas, temas y tragedias les divertirán, apasionarán o dejarán indiferentes, pero una cosa es segura: nuestros seres verdaderos serán menos que polvo para ellos.

Me viene a la mente un pequeño remedio no químico para usted que sufre; en general, dirigido a aquellas personas sumidas en una negra tristeza en razón de su gravedad existencial, a saber: deténgase frente a una ventana e imagine todas las situaciones hermosas o apasionantes que en ese preciso instante están sucediendo en el mundo. ¿Ya? Ahora amplíe el espectro al pasado (del futuro hablaremos en unos instantes). Imagine la experiencia de millones de cadáveres que nos precedieron, que hicieron de su vida un hito. ¡Pero no! No les imagine en abstracto, haciendo acopio de una cultura general integrada por falsos recuerdos televisivos. Trate de no convertirlos en individuos lejanos, sin rostro ni sentimientos propios. Atraiga hacia su magín la misma tumba ignorada, en un cerro de Irlanda, en una fosa común en Méjico, o en mitad de ninguna parte en un pequeño islote del Pacífico; su otrora vibrante cuerpo yace ahora carcomido, dividido en diminutos fragmentos de ceniza. Le pido que se concentre en esos trozos que ahora integran otros seres o lugares. ¿Ya? Reintegre ahora los trocitos en una secuencia a cámara lenta, rebobinando la secuencia de muerte… Poco a poco una forma humana va haciéndose presente.

Su piel era oscura y brillante, su cabello de pizarra negra como el carbón caía a plomo sobre unos ojos claros como el ámbar, sobre unos carrillos dulces y rectangulares, sobre unos labios gruesos que auguran fertilidad. Su talla corta, sus formas acentuadas y apetecibles. Apenas llevaba encima vestido que cubriera su perfecta silueta de mujer. Su voz, articulada en un lenguaje largo tiempo extinto, se nos antojaría sinuosa y seductora; sus sílabas, a caballo entre el francés, el amárico y el farsi, darían testimonio del atroz acto de amor que ella misma, Nee-gashi, acaba de perpetrar. Un acto extraordinario que rompería su corazón sólo para elevarla, en virtud de una lúgubre paradoja, al altar de los mártires. Una grey enfebrecida se arremolinaba en la base de la blanca pirámide, presta para consumar su venganza. Mientras descendía para consumar su destino sólo podía pensar en el rostro dulce de su hijo muerto.

Los ojos de un niño apenas se entrevieron al pasar. Tristán iba muy rápido, ahíto de ilusión por contemplar la nueva biblioteca al borde de la escalinata. La lengua latina fue su padre y la griega su gran madre, tan huérfano como era de cariño humano; el único modo que encontró de amar el oscuro mundo para el que fue bastardamente concebido fue el de morar como una ratita ilustrada entre libros; colosales tomos de ciencia inmortal con los que aprendió a leer y soñar. De haber podido madurar, no cabe duda de que su obra hubiera competido en intimidad y dulzura con la de su admirado San Agustín, superándole en estilo y quizás crudeza. Aguardábale empero su gran enemigo en la convergencia entre los pasillos grises del piso superior del monasterio, un oubliette tristísimo en forma de mezquino abad, cuyas férreas manos acabarían por extinguirle.

El anciano de piel acartonada y oscura se disponía a morir con lágrimas de puro agradecimiento; de su vida frenética daba cuenta en silencio, afanado en recordar su primera caricia; su primer lance sangriento; la primera vez que vio el mar. A Hernán un naufragio en la flor de su juventud le abandonó en mitad de un islote, a inconcebible distancia de cualquier cristiano capaz de rescatarle. Los años transcurrieron primero con pesar, hastío y desesperación, para después convertirse en testigos de su ingenio: técnicas de pesca y forrajeo sólo igualadas por las milenarias tribus autóctonas; el registro científico de cientos de nuevas especies minuciosamente esbozadas y descritas en pliegos de arcilla y madera; cantos y cuentos concebidos en soledad durante incontables noches para nunca ser escuchados… Hernán cerró los ojos, encomendándose a Dios.

Largo tiempo ha que se arruinó el papel que decoraba la pared de aquel ático diminuto en el que vivía Théresse; una poetisa de blanquísima piel cuya frágil salud había encadenado a una cama polvorienta. Esparcidos por el suelo yacían sus textos: historias de piratas salvajes y bellos, sueños cuyo simbolismo hubiera pronosticado novedosas corrientes artísticas; bocetos eróticos nacidos de un alma ansiosa y vibrante que le habrían valido el escándalo y la inmortalidad. Signos de esotérica perversión perecerían al secarse sus pupilas. Porque decidió Théresse que todo acabaría esa noche, al calor de una leña que asfixiara el aire; trató primero de memorizar sus destellos y breves periodos de lucidez, de condensarlos en un único recuerdo que le hiciera llorar. Arrojó por último su obra inimitable al fuego y se durmió para no despertar; su cadáver nunca fue reclamado, pudriéndose lentamente en una morgue de París.

Aliou gritaba con todas sus fuerzas mientras se ahogaba. En otro tiempo y lugar, su cincelado cuerpo de ébano dio forma a melodías revestidas de profundidad inmemorial; espíritus azules insuflaban de fiera melancolía su espíritu indómito mientras danzaba como un león en pleno ritual de caza. Soplaban sus letanías multicolores a través de la sabana sangrienta, y en esos instantes eternos de apoteosis era consciente hasta la última fibra de su ser del poder transmitido a través de las generaciones de felinos que le precedieron. Consciente de que su mente constituía el eje oscuro de un universo formado por un sol exhausto que descendía sobre sus sienes lentamente, como el agua de un bautismo impúdico que en virtud de la pintura blanca imprimía una máscara a su alma de titán. Mas las palabras sagradas proferidas por Aliou no pudieron evitar que el océano le diera muerte, tan lejos de su amada tierra, tan cerca de su destino europeo. Días después su cadáver macilento fue encontrado en una playa de Fuerteventura: el león sería sepultado en una tumba sin nombre.

Detengamos nuestro heroico recuento por unos instantes. Le seré honesto, estimado lector: por mucho que me esfuerzo no soy capaz de hacerme una idea de dónde procede y hacia dónde va el soplo vital que alimenta nuestro ser. Sé que así como el ojo no es capaz de girar sobre sí mismo para centrar la mirada en la oquedad oscura del cráneo, así nuestras filosofías de todo orden sólo alcanzan a balbucear sobre nuestro origen y destino. Es evidente que antes, durante y después nos es conocida la realidad de nuestra alma, sin verse obligada a recurrir a la caprichosa percepción de los otros. Porque no necesitamos que nos lean para haber existido, ni que nos vean para sentir. Todos y cada uno de nosotros, anónimos o famosos, somos unos vértices afortunados que han sido condenados a morir lentamente en el frenesí de la vida; protagonistas de una saga épica cuyos nombres fueron largo tiempo olvidados.

Como humanista dedicado al tejido histórico de las ideas, confieso que en eso consiste mi método de aproximación a cualquier realidad. Imagino cómo vivieron esos héroes su realidad cotidiana, tratando de desembarazarme de la toxicidad que entraña mi propia identidad. En otros términos, considero indispensable deshacerme de mi yo postmoderno con el propósito de morar por unas horas en universos extraños, lo más alejados posible de lo que usted y yo consideramos “normal”. Por ese motivo, me produce tanta tristeza esa forma de enseñar que consiste en ilustrar a los zagales sobre los hechos del pasado echando mano de aquellas realidades que les puedan resultar más cercanas o familiares; de este modo, se explica la filosofía partiendo de cuestiones tan ridículas (y tan del gusto de nuestros tiempos) como “¿era machista Platón?” o “¿existió la democracia en Atenas?” Todos estos planteamientos obvian sistemáticamente la dimensión más compleja y preciosa que entraña el ejercicio del saber, a saber: convertir la propia mente en una caja de resonancia en el que infinitas voces canten al unísono. Un “vaciamiento” epistemológico que podríamos asimilar con la ἐποχή de los escépticos o los fenomenólogos, o bien con el “vaciamiento” perseguido por los místicos en su búsqueda de la divinidad, que nos permita desnudarnos de nuestros vestidos de inmediatez para “vivir otras vidas”, como rezaba la canción de Sabina:

Con un poco de imaginación
Partiré de viaje enseguida
A vivir otras vidas,
A probarme otros nombres,
A colarme en el traje y la piel
De todos los hombres
Que nunca seré

Y digo más, si es usted de los que necesita echar mano de conceptos familiares como conditiones sine quae non para comprender lo extraño, debería hacérselo mirar: sufre usted de una peligrosa atrofia de los sentidos rayana en la estulticia. ¿O acaso no es estúpido tratar de entender lo ajeno sin albergar la intención de abandonar lo propio? De hecho, es precisamente esta actitud torticera la que provoca que existan tantos “especialistas” entregados a la Historia contemporánea frente a las carencias presentadas por otros periodos históricos, o sin ir más lejos, estamos ante el mismo principio que previene al adolescente típico de aprender, sobre la base del bastardo adagio de “¿y eso qué tiene que ver conmigo?”

Decía antes que haría mención del futuro, y así es. No en vano me defino como un especialista del “tejido histórico”, y es propio de la historia avanzar a perpetuidad. Los corrientes ideológicas evolucionan para adaptarse al dinamismo social, máxime en una civilización como la nuestra, sometida al “proceso sin fin de la Ilustración”. ¿Qué será de esos héroes del futuro que no conoceremos? ¿A qué realidades adversas deberán de enfrentarse nuestros amigos de la posteridad? ¿Les serán útiles nuestros “modernos” pensamientos, que dentro de cien años acumularán el polvo de los ataúdes? ¡Quién sabe, quizás no perderemos vigencia en esos otros mundos! Mientras tanto, permanezco muy atento no sólo al probable devenir futuro, sino a la visión que de tal “futuro” sostenemos los habitantes del presente (esto es, la ciencia-ficción, la distopía y la ucronía).

¿Anónimos? No. Me declaro un conocedor inconsciente de todos esos meteoros incandescentes que abandonaron la vida inadvertidos. Secretamente les admiro sin haberles conocido; ni falta que me hace. A ellos se debe este humilde proyecto denominado “Studia Hermetica”.


Por lo demás, el proyecto se encuentra en estado latente, como bien habrá podido deducir el curioso lector de estas líneas. De hecho, desde principios de 2017 no he sido capaz de dedicarle el tiempo que me hubiera gustado debido a mis obligaciones profesionales y familiares; situación que no tiene visos de cambiar a medio plazo. El año 2019 marcó un antes y un después en el proyecto, una etapa de máxima actividad en la que, irónicamente, no pude dedicar más que unas horas al año a esta nuestra revista. Y a causa de unas razones muy concretas, preveo que esta situación se prolongue hasta el año 2022, como poco. Mas por qué no reconocerlo, estos quehaceres editores han constituido un punto de partida muy estimulante para mis empresas profesionales, pero su falta de financiación o de beneficio económico inmediato han provocado que sea relegada a un plano muy secundario en mi vida.

En los próximos años decidiré si dar por concluido el proyecto sería lo más conveniente, o bien el adoptar una línea de publicación mucho más laxa e irregular, de acuerdo con mis posibilidades reales. En cualquier caso, en estos momentos me es imposible pensar con la suficiente claridad como para tomar la decisión adecuada… mas no se inquiete: ando inmerso en la etapa más feliz y productiva de mi vida.

¡Le deseo unas muy felices fiestas y un próspero Año Nuevo!

The Outsider Manifesto

No es un secreto que uno de nuestros principales objetivos en Studia Hermetica es el de arrojar luz sobre aquellos pensadores y experimentadores que se mantuvieron al margen de la cultura dominante. Hablamos de los outsiders (los marginados, los solitarios o los desterrados), a los que con frecuencia se tacha de “genios” o de “incomprendidos”, generando entre determinados círculos al margen del “sistema establecido” un irreflexivo apego. Al fin y al cabo, nuestros marginados han sido injustamente tratados debido a la estrechez de miras burguesa de sus contemporáneos, o bien a la envidia de sus colegas y allegados. De esta manera, nosotros, los integrantes del glorioso club de los disidentes, deberíamos sentir como propios sus sufrimientos, desvelos y proyectos frustrados. Como consecuencia de un simple proceso de asimilación, la pasión y muerte de los marginados nos debería generar una simpatía instantánea, a pesar de los atropellos y atrocidades que pudieren haber perpetrado esas almas perdidas. Es evidente que “los demás” (esa masa informe, indiferenciada e indiferente de machos machistas, blancos caucásicos patriarcales, malevolentes gobernantes ávidos de sangre o, sin ir más lejos, padres maltratadores y abandonadores y madres castradoras, desvaídas y dementes), son los responsables últimos de sus tristes trayectorias vitales. Es evidente: nuestros outsiders han sido deshonrados, desprovistos y defenestrados. ¿Cómo se nos ocurriría cuestionar acaso sus tragedias?

Pues no, estimado lector, no es mi caso: mi interés por el pensamiento marginal es exclusivamente científico. Examino y disecciono sus órganos internos como lo haría un médico forense que tiene ante sí un cadáver putrefacto. Salvo contados casos, sus vidas y milagros me resultan apenas reseñables; no les admiro ni desprecio. Me resultan, sencillamente, el perfecto producto de sus contradicciones. ¿Un ejemplo? Theodore Kaczynski. Mi interés por su persona afloró a raíz de la serie Manhunt: Unabomber, de Netflix, y desde entonces examino con mucho cuidado sus desvaríos. Hace días terminé de leer su archiconocido “manifiesto”: Industrial Society and Its Future. Nuestro héroe (o más bien, antihéroe) parece reunir en su persona todos aquellos elementos que caracterizan a un outsider comme il faut: solitario, aislado, huido, inteligente, culto, envidiado… algunos le tachan de “genio”, incluso. ¿Mi veredicto? Allá vamos.

Kaczynski embadurna con venenosa verborrea de anarquista trasnochador y trasnochado, un “manifiesto” político que se autoreivindica como apolítico. Pretende condensar, haciendo uso de oraciones eficaces y sencillas, un universo de fenómenos apenas abarcable bajo el término “sistema” (system, repetido nada menos que doscientas treinta y ocho veces en su parrafada). El mencionado “sistema” no es otro que el conjunto de realidades demográficas, técnicas, político-económicas, ambientales y filosóficas, condensadas en torno al capitalismo nacido al socaire de las Revoluciones Industriales.

Nuestro prohombre es, además, un enamorado de la “naturaleza” (término manoseado cincuenta y seis veces), cuyo objetivo es muy simple: acabar con toda tecnología sofisticada, con el fin de liberar al ser humano de su yugo. ¿Pero a qué concepto de naturaleza alude Kaczynski?:

The positive ideal that we propose is Nature. That is, WILD nature: those aspects of the functioning of the Earth and its living things that are independent of human management and free of human interference and control. And with wild nature we include human nature, by which we mean those aspects of the functioning of the human individual that are not subject to regulation by organized society but are products of chance, or free will, or God.

Reflexionemos durante unos instantes sobre el concepto de naturaleza, sobre la base de un sencillo silogismo: 1. Las actividades de los seres vivientes son naturales. 2. El ser humano es un ser viviente. 3. Ergo la actividad del ser humano es natural. ¿Es acaso el binomio artificial-natural un mero convencionalismo mental? ¿Por qué extrapolamos al hombre de la naturaleza, si son conceptos análogos? Llevados por esta misma lógica, deberíamos plantearnos cuestiones como las siguientes: ¿Es una metrópolis como Shenzhen menos “natural” que un malpaís o paisaje volcánico? La caída de un asteroide, hace aproximadamente 66 millones de años, causó la extinción de la gran mayoría de los géneros biológicos del periodo; ante un evento de semejante poder de destrucción, ¿no deberíamos replantearnos nuestras capacidades reales de alteración de los ecosistemas? O como escribía Pío Baroja: “Dios murmura en la cascada y canta en el poeta” (Camino de perfección). Más adelante matizaré mis palabras; conviene a un filósofo el examinar con minuciosidad las diatribas a las que se enfrenta, sin anteponer sus preferencias personales a la realidad.

God loves violence.

Cabe preguntarse si por “sociedad organizada”, Kaczynski se refiere también a los grandes imperios de la Antigüedad, que hacían uso de una tecnología que podríamos considerar “sofisticada”. Obviamente, esta cuestión aflora aquí y allá en su manifiesto, por ejemplo, en relación a los sistema de irrigación y agricultura romanos, pero no aclara lo que los pobres humanos deberíamos hacer si un buen día apagáramos nuestros ordenadores, quemáramos las estaciones eléctricas, tiráramos a un barranco nuestras neveras y convirtiéramos nuestros automóviles en tiendas de campaña: ¿adónde retornaríamos?, ¿a una cultura Amish?, ¿a una sociedad preindustrial de perfume medieval? ¿A las cuevas, quizás? Previendo este lógico contraargumento, nuestro héroe se ve obligado a reconocer que “una ideología”:

in order to gain enthusiastic support, must have a positive ideal as well as a negative one; it must be FOR something as well as AGAINST something.

En otros términos, Kaczynski, cual rata de biblioteca amohinada, se ve en la pesarosa obligación de proponernos algo para que quedemos contentos con el nuevo orden, recurriendo a argumentos tan falaces como infantiles. La sucesión “lógica” sería más o menos la siguiente: 1. Los agentes del cambio deben esperar a que el sistema colapse por sí mismo, sin mancharse las manos en parlamentos, no vaya a ser que acaben por aplicar políticas absurdas, generando la falsa impresión de que el desastre al que el sistema está claramente abocado (breakdown, término repetido, tanto de manera simple [break] como compuesta, en cuarenta ocasiones) es obra suya. 2. Deben evitar los seguidores del FC (es decir, Freedom Club, pseudónimo de Kaczynski a los efectos del manifiesto) inculpar a la sociedad con motivo de su apego bastardo por la tecnología, debido a que ello generaría rechazo y resentimiento en las masas y a que, obviamente, se trata de una estrategia de marketing errónea. 3. Deben los agentes del cambio ludita procrear como conejos, porque está demostrado que los vástagos que crecen en un ambiente sometido a determinados ideales, acaban por allanarse a ellos con naturalidad.

En el espectro contrario a su martilleante doctrina, nos encontramos con los tecnófilos (technophiles), esos recalcitrantes Steve Jobs que ven en la tecnología la resolución a todos los problemas de la humanidad, abanderados por un grupo altamente cualificado de técnicos y científicos, cómplices de un sistema inhumano, esclavizador y degradante, cuya dedicación primordial se dirige a la consecución de necesidades postizas (“actividades subrogadas”, como así las denomina él):

technicians and scientists carry on their work largely as a surrogate activity; that is, they satisfy their need for power by solving technical problems.

De esta manera, mediante la manipulación de la psique, el comportamiento y el entorno humanos, el “sistema” está resuelto a controlar todos y cada uno de nuestros impulsos, especialmente aquellos que no encajen en él. ¿Cómo? En virtud de un proceso de sobresocialización (oversocialization) destinado a hacer de nosotros sujetos obedientes. Su instrumento más eficaz es la educación, obligando a las masas de jóvenes a decantarse por estudios vacuos, útiles al sistema pero inútiles para colmar sus necesidades primarias y ansias de autonomía. Todo sujeto que no “pase por el aro” está condenado a la marginación social o al manicomio.

Pues bien, sobre esta cuestión ya hemos discurrido en otro lugar, así que remitimos al lector a nuestro cuaderno de notas De Umbris Idearum.

Este modo de discurrir retrata al hombre: un Necháyev posmoderno cuyo centro de operaciones hállase en un locus amoenus virgiliano que sin embargo no es capaz de serenar su sed de venganza. Desde su cabaña-purgatorio, un Kaczynski autosuficiente, frío y odiador, confecciona artefactos explosivos “ecológicos”. Detengámonos ahora un momento y realicemos, mal que nos pese, un ejercicio de abstracción, tratando de imaginar cómo funcionaría una mente maquiavélica exquisitamente educada en las teorías de los clásicos y los modernos, que se hubiera decantado por orquestar un cambio real en la sociedad. Dicha mente daría vueltas a las siguientes cuestiones:

1. El uso de la violencia: a) La destrucción física de los oponentes cuando no hay modo de convencerles de que sus argumentos o actos son erróneos o estúpidos. b) Todo grupo de presión o individuo alzado en armas se ha mostrado insuficiente e ineficaz para acabar con un Estado moderno previamente constituido. Con frecuencia, las supuestas buenas intenciones de sus integrantes degeneran en una espiral de sangre en la que los medios no son capaces de justificar los fines, o peor aún, éstos acaban por olvidarse tras décadas de lucha sin sentido. c) Sin embargo, sin violencia no hay nada: toda ideología, por muy ridícula que sea, necesita expresarse dando un golpe en la mesa, atacando aquello que nos hiere en lo más hondo: nuestros seres queridos, integridad y patrimonio. De lo contrario, evidenciaría su absoluta vacuidad. ¿Qué es si no el terrorismo de base nacionalista? Un patético espantajo adornado con un traje de hipostasiadas verdades.

¿Conclusión de Kaczynski? Golpeemos al sistema.

2. La crítica al sistema: a) ¿Cómo ha acabado por constituirse un tipo de sociedad como la nuestra? b) Asumiendo que es errónea, dañina o contraria a la naturaleza humana, ¿han existido alternativas teórico-prácticas a ésta? c) ¿Nos ha hecho más exitosos como especie, más fuertes, inteligentes o felices?

Las respuestas a estas cuestiones revisten una extrema complejidad. Tomando como ejemplo al influyente pensamiento de un solo hombre, Karl Marx, deberíamos de disponer de una naturaleza proclive al estudio de la filosofía para apenas ser capaces de entender el origen y desarrollo de las doctrinas marxistas y neomarxistas. Por ejemplo, los insignes integrantes de la Escuela de Fráncfort (Horkheimer, Adorno, Marcuse, Fromm, Althusser, entre otros) analizaron con singular precisión las tempestades nacidas al ardiente abrigo de las Guerras Mundiales, tratando de dilucidar el melancólico destino de la Ilustración. Por lo tanto, toda crítica a un “sistema” de tales dimensiones, erigido sobre milenios de civilización y cultura escrita, debería pasar por unos ejercicios de reflexión y trabajo extenuantes; una tarea que escapa no ya al común de los mortales, sino a la gran mayoría de los sujetos letrados y pensantes de este mundo.

En lo que respecta a conceptos como la felicidad, la autonomía o la dignidad de la persona, no nos es posible afirmar nada categóricamente. ¿Eran las mujeres más libres y autónomas viviendo bajo el yugo de sus padres y maridos en el siglo XIX? ¿La represión religiosa ejercida por los diversos bandos en liza en la Europa del siglo XVI nos hacía más felices a los seres humanos? ¿La presión familiar o tribal de cualquier época pasada era más benigna que la impuesta por el “sistema” actual? Si por el contrario, centramos nuestra atención en el aumento exponencial de la población durante todo el siglo XX, la práctica extinción de buena parte de las epidemias que nos masacraron durante milenios y la popularización del conocimiento, deberíamos replantearnos cualquier punto de partida metodológico que establezca que un supuesto natural mundo de origen fue “mejor”.

¿Conclusión de Kaczynski? Golpeemos al sistema (Letter to San Francisco Examiner, 1985):

The hollowness of the old revolutionary ideologies centering on socialism has become clear (…) All ideologies and political systems are fakes. They only result in power for special groups who just push the rest of us around. There is only one way to escape from being pushed around, and that is to smash the whole system and get along without it.

Kaczynski se posiciona en contra del “izquierdismo” de todo orden y condición (el vocablo leftist es repetido ciento treinta y una veces), recurriendo a argumentos que fracasarían estrepitosamente en un entorno académico serio, pero que serían singularmente pegadizos en una disputa de bar o cafetería. Tacha a lo que él denomina “izquierdismo” (leftism) de religión (leftism is a kind of religion), rezumando una mala baba sólo justificable en un sofista resentido que, ora recurre a la historia, ora a un subjetivismo psicologizante de vulgar ralea:

…feelings of inferiority, low self-esteem, powerlessness, identification with victims by people who are not themselves victims, is a peculiarity of modern leftism.

De hecho, esta clase de dialéctica diletante la podemos observar en los sabios dieciochescos y medievales, que carecían de un conocimiento científico contrastable y contrastado, pero que resulta imperdonable en un supuesto genio titulado en Harvard. Y pondré como ejemplo contrario a Max Weber, quien dedicó su vida a entender la sociedad en su conjunto y que, para apenas vislumbrar un solo hecho de esos que “analiza” con tanta frivolidad Kaczynski, no le quedó más remedio que elaborar un sofisticado utillaje científico contraído en las más de mil páginas que conforman su magna Economía y sociedad, obra que, para más señas, se publicó póstumamente. Se me puede argumentar que Kaczynski no persigue comprender el “sistema” sino destruirlo, ¿pero me puede alguien explicar cómo se acaba con algo que no se alcanza a comprender?

Sí, soy consciente de que el anarquista no trata de ser riguroso ni académico cuando alude al “sistema”, sino que se limita a expresar un sentimiento largamente larvado desde la irrupción de la industrialización. Aclarémoslo por boca de otro anarquista, Tyler Durden, esta vez de la ficción:

In the world I see – you are stalking elk through the damp canyon forests around the ruins of Rockefeller Center. You’ll wear leather clothes that will last you the rest of your life. You’ll climb the wrist-thick kudzu vines that wrap the Sears Tower. And when you look down, you’ll see tiny figures pounding corn, laying strips of venison on the empty car pool lane of some abandoned superhighway.

El mundo moderno es una mentira que nos aparta de nuestra verdadera naturaleza. Volémoslo por los aires. ¿Para qué entenderlo? Sabemos que lo sufrimos, es más que suficiente. ¿Para qué tratar de cambiarlo? El sistema ha llegado a un punto de no retorno. La conclusión es evidente: debemos hacerlo estallar en mil pedazos. Una proposición simple, poderosa, de cuyas consecuencias seremos todos legatarios.

Dostoievski, con esa espectacular lucidez que le caracterizaba, concibió una obra capital que analiza la raíz del nihilismo (Los Demonios). En ella, Piotr Stepanovich (trasunto literario de Necháyev) se rendía patéticamente a la belleza de Stavrogin:

-¡Stavrogin, es usted hermoso! (…) No conozco a otro más que a usted. Usted es mi caudillo, usted es mi sol y yo soy su gusano”.

Ambos personajes son, a su manera, paradigmas del antihéroe romántico: violentos, brillantes, enigmáticos, bellos, retorcidos, detestados, turbulentos y malvados. Condenados ambos a un trágico final. Utilizando nuestro cercenado vocabulario posmoderno, podríamos afirmar que un nihilista (Stepanovich-Necháyev) se encuentra frente a frente con un psicópata, en un duelo que pronostica la gigantesca ola que golpearía el promontorio del mundo contemporáneo.

¿Alguna vez se ha preguntado qué motiva a algunos de los asesinos en serie? En efecto, lo tiene usted en la punta de la lengua, vamos, atrévase a decirlo… Nada. No les motiva nada; o mejor dicho, les motiva la nada. ¿Impulso sexual, voces susurradoras, satanismo, envidia, sentimiento de dominación, misoginia…? Nada: una jerigonza pseudopsicológica que nos impide ver las cosas tal y como son. Cuando un individuo perturbado se reivindica matando, lo hace movido por su ansia de poder: desea fascinar, desea que le amen, critiquen y adoren. Que le teman. Ha llegado al convencimiento de que los elementos exteriores a su ser son meras fantasías sostenidas en el éter: ¿acaso existen las personas?, ¿padezco yo el sufrimiento ajeno?, ¿no todos somos pecadores y, por ende, susceptibles de ser castigados? ¿No es todo lo conocemos o sabemos una mera convención social? ¿Qué más da? Persigamos los aviones. Explotemos cosas. El nihilismo pasivo en su más cruda expresión.

Some men just want to watch the world burn:

O peor aún, algunos desean alzarse como reyes de las cenizas, haciendo uso de esa escala generada por el caos.

‘Chaos is a ladder’…

En otras palabras, tiemble usted, estimado lector, cuando los Littlefingers de este mundo se alcen en armas contra los tiranos, porque un infierno de inesperadas consecuencias se abatirá sobre los amotinados. O como el mismo Kaczynski afirmaba:

Any kind of social conflict helps to destabilize the system, but one should be careful about what kind of conflict one encourages.

¿Pero a qué viene todo esto? ¿Por qué me he decantado por diseccionar la médula espinal del nihilismo partiendo del Unabomber’s manifesto? Pues nada menos que debido al “incidente” desvelado días atrás en relación a la red social Facebook: al parecer, fueron filtrados los datos de ochenta y siete millones de usuarios a una consultora, Cambridge Analytica, destapando con especial crudeza uno de los grandes riesgos del Big Data. Uno que muy pocos de nosotros estamos dispuestos a afrontar. No en vano, en un momento de lucidez, Zuckerberg llamó dumb fucks a los usuarios de su red social, dando la razón a Kaczynski. ¿Es Facebook una red social? No: Facebook es un modelo de negocio que se retroalimenta del poder generado por la información cedida de sus usuarios. Un gran ecosistema dedicado al voyeurismo que supone El Dorado de todo consultor de marketing, analista político o depredador enmascarado.

Decía que Zuckerberg le da la razón a Kaczynski (¡paradojas de la vida!). Un rebaño de billones de usuarios, ávidos de ser observados y observar, son hábilmente conducidos por un puñado de técnicos que se venden al mejor postor. Esto valida las proposiciones pobremente argumentadas del Unabomber: existe un sistema dirigido por técnicos que sobresocializa a los individuos con el fin de domeñarlos para sus siniestros propósitos electoralistas o económicos. ¿No le produce pavor? ¿Indignación, quizás? Pues mi primera reacción fue la de cerrar nuestro grupo de Studia Hermetica en Facebook (he de decir que hace meses clausuré mi cuenta personal en esa red social, movido por la incomodidad que me produce ese entorno viciado, postsoviético, repleto de dictadorzuelos con ínfulas de vedette). Pero no, aún no es el momento; tendrá más noticias mías al respecto.

Lo trágico de historias como las de Kaczynski es que, en el fondo, sus desvaríos y errados métodos contienen un trasfondo de verdad inquietante:

1. Sí, la sociedad industrial parece desbocada. El proceso de endoculturación es cada vez más costoso en un mundo sometido a un cambio implacable, al son de un mercado tecnológico que no es capaz de asimilar los trepidantes cambios que acomete.

2. Sí, nos estamos apartando de nuestros ecosistemas originarios, olvidando nuestra posición como entes biológicos. Contribuimos así a la recreación de entornos alienantes, impersonales y utilitarios, restando espontaneidad, propósito y sentido a nuestras vidas:

‘Nature takes care of itself’.

3. Sí, el poder está siendo acumulado progresivamente en manos de una minoría, ayudada por los grandes agentes de la globalización. En ocasiones parece que asistimos a un tira y afloja entre grupos proclives a retornar a las redes de solidaridad tradicionales y esas otras redes difusas de estabilización global:

Very repellent is a society in which a person can satisfy his need for power only by pushing large numbers of other people out of the way and depriving them of THEIR opportunity for power.

Hace años, cuando no era más que un mozalbete, me grabé a fuego este pasaje escrito por Freud, en una misiva dirigida a Lou Andreas-Salomé:

Mi secreta conclusión era esta: puesto que podemos considerar que esta civilización actual encubre una gigantesca hipocresía, se deduce que no somos orgánicamente aptos para ella. Él o lo desconocido que acecha tras el destino, repetirá un día otro experimento semejante con otra especie.

¿Sabe qué? Vivimos en una época apasionante, asfixiada por los contrastes. El único sistema al que merece la pena vencer es al foro interior de la conciencia. Los humanos hacemos a los sistemas; no permita que suceda lo contrario. 

We have no illusions about the feasibility of creating a new, ideal form of society. Our goal is only to destroy the existing form of society.

Studia Hermetica: 2008-2018

Aquí seguimos, amigo lector, con el ánimo intacto e idéntico el propósito, tras diez años de odisea. Desvelar la Historia de la filosofía hermética, sin pretenderlo, continúa siendo nuestro objetivo. Los que formamos este proyecto compartido que es Studia Hermetica deseamos reconstruir un periodo de la historia sobre la base de sus textos filosóficos; de aquéllos, bien lo sabe, menos conocidos y reconocidos por el mundo académico. Y eso que con tanto infortunio se ha dado en llamar “hermetismo” no es más que una mera excusa para penetrar en el recóndito tejido intelectual de nuestros antepasados.

Aprender a leer es la mayor hazaña jamás lograda por la humanidad; en virtud de las letras, las ideas se transmiten a lo largo y ancho de las millones de muertes que nos separan de ese universo extinto con el que deseamos conectar… derrumbando, arrumbando, arramblando, arrasando, arredrando, derramando y arrullando las infinitas proyecciones que el acto creador nos proporciona. Al contrario que el vestigio arqueológico, las letras continúan vivas en el corazón del ávido lector que persigue penetrar en sus misterios; y sin embargo, no podemos prescindir del utillaje científico que nos devuelve a la mente que en una remota época las produjo. ¿Acaso existimos en un eterno tiempo presente?, ¿acaso la evolución, el progreso y el transcurso de las eras, suponen una máscara de palabras para definir el cambio? No sabría decirlo, ¡no soy más que un hombrecillo que vive y sueña encerrado en una jaula de cristal opaco! Pero sé una cosa: no one’s gonna take my soul away, I’m living like Jim Morrison…

En los próximos meses, si todo va según lo previsto, llevaremos a cabo una severa actualización en la revista, con el fin de conmemorar como se merece este décimo aniversario, además de publicar un nuevo número especial que, confiamos, sea de su interés.

En esta etapa que despierta con el año 2018 deseamos, más que nunca, que siga a nuestro lado.