Karstic Mind

Entre los laberintos de mi mente habita un duende, un ente oscuro y vil, protector de secretos inconfesables y profeta de delirios nocturnos. Cuando el sol se rinde a la oscuridad y la esperanza destila su amargo sentir, le rindo pleitesía como único dueño y señor de mis obsesiones trasnochadas. Aquellas noches cálidas que no parecen invitar al sueño, las obsesiones se hacen fuertes, recorren los amplios salones subterráneos de la inconsciencia y emergen estallando en mi alma, guiando mis pesadillas hacia proyectarse en la oscuridad de la noche, fundiéndose con las sombras y la tenue luz de la luna. Es entonces cuando veo a ese extraño guía, a esa criatura que habita en mi memoria y que, cargado con la más pura malicia, me empuja hacia esferas inhóspitas de la realidad donde la imaginación y el miedo se funden con una realidad que poco a poco empieza a fragmentarse y a separarse en elementos carentes de significado, donde las partes sustituyen al todo y los antiguos significantes se convierten en símbolos indescifrables para los seres que no han sido tocados por la locura.

Mientras mi conciencia se transforma, los objetos empiezan a vibrar en consonancia con el malestar que agita mi pecho. Mi duende se revuelve en mi interior, invoca a las sombras y a los misteriosos hados de lo innombrable, catapulta sobre mis ojos, ideas que se transforman rápidamente en extrañas imágenes palpitantes de vida y misterio que finalmente precipitan en el mundo real y se funden con él. Entonces veo como aquellos extraños seres que forman parte del vacío cobran vida, se aparecen ante mí y me muestran un mundo fragmentado, atomizado por partes y nexos frágiles que cohabitan las vibraciones que les dan la vida. De las paredes y los objetos salen pequeñas hebras de electricidad que agitan el aire, como rayos de tormenta o patas de araña que buscan afanosamente una conexión o un punto al que agarrarse, al que conectar. Aquella maraña de seres aparentemente incorpóreos conectan la realidad, le dan forma, integran el vacío para darle existencia, para atrapar las ideas y convertirlas en cuerpos sustanciales.

Mi mente marchitada apenas puede resistir aquella agitación de angustia y conexiones espectrales. Las ideas combustionan en mi interior despertando el infierno del alma y entonces veo que todo a mis pies se desmorona, desaparece la vida y el tiempo, la realidad del espacio se disocia en diferentes realidades que se separan hasta alcanzar horizontes infranqueables a las miradas más poderosas. Los pensamientos se diluyen en aquella incerteza, menguan en significado y se degradan hasta convertirse en pequeñas formas cuadradas que carecen de toda esencia, sin color, movimiento o voluntad. Desde aquella oscuridad remota, que levemente se posa en mi corazón, veo ojos que miran el universo, tentáculos que tantean las posibilidades del mundo y que juegan con los siglos del devenir. Poco a poco una luz se hace cada vez más visible y las distancias insalvables vuelven provocar hendiduras visibles que aglutinan la materia y le vuelven a dar consistencia. Entre aquel milagroso obrar distingo de nuevo los tentáculos, las hebras del universo que juntan y tejen la propia existencia. Intento mirar hacia mis adentros para ver cómo actúan en mí aquellos seres misteriosos, tratando de distinguir si he sido dividido o alterado por los infortunios del cosmos. Sin embargo, no me encuentro, no veo mi cuerpo, mi alma, no siento el corazón ni los latidos; sólo las ideas siguen reposando, conformando el sujeto que trata de entender, explorando rincones ignotos y subterráneos que quizá ya no se hayan en el subsuelo de la conciencia, sino en lugares lejanos del universo, perdidos en lejanas esferas que orbitan alrededor de fuerzas incomprensibles.

No obstante, empiezo a ser consciente de la aglutinación de la memoria, de su súbita reintegración bajo el amparo de aquella luz tenue y azulada que parece recorrer el universo infinito. Noto su viva luz, su energía vital, la restauración del ser, de la realidad, de la existencia. Todo empieza a volver a la calma y la materia vuelve a unirse negando el vacío momentáneo con el que percibimos las cosas. La luz empieza a extinguirse, a diluirse en el espacio que ha dejado atrás y las sombras vuelven a agitarse, esta vez con más fuerza. Parecen dirigirse hacia mí, tratando de llamar a mi recobrada consciencia. Es mi guía, el maestro de sombras, el duende imperecedero el que me llama, me advierte con mirada furtiva desde los ecos de mi pensamiento que algo ha cambiado en mi interior.

Con viva imaginación acuden a mi conciencia explosiones coloridas que más allá de su dinamismo efectivo, buscando direcciones irreconocibles, apariencia y desapareciendo bajo formas diferentes, muchas veces partículas diminutas y otras veces pequeños haces de luces cegadoras. Veo entre aquel silencio cohabitar las luces con la presión anómala que siento en mi pecho, el dolor guía las conexiones, los recuerdos reaparecen y se ordenan para entender una realidad reformulada, inexpresada desde tiempos pretéritos. Con azaroso talento distingo un punto extraño, un lugar de donde emergen con mayor consonancias las luces, un punto de indeterminación en la que se escinde la emoción del pensamiento, un pequeño lugar donde todavía queda viva aquella extraña luz primigenia. Conforme empiezo a ser consciente de esa conexión, el duende evoca mis recuerdos, los proyecta en el vacío y la realidad empieza a cobrar un extraño color donde confluyen el miedo y la curiosidad. Siento su inquietud, su extraño afán de hacerme comprender una verdad oculta que muchas veces he sido incapaz de reconocer.

Aquellos haces empiezan a resultar familiares, poco a poco se desenvuelven, de descifran y se convierten bajo el prisma de una conciencia renovada, en recuerdos vetustos, imágenes reprimidas y pensamientos perdidos en el vacío del ayer. Veo lágrimas recorrer el firmamento, fundirse con las estrellas y renacer con dolores, adquiriendo formas de personas, flores y animales. Veo el viento trasladar los pensamientos a través de los eones del tiempo, haciendo resonar las ideas inmaculadas a través de todos los confines del universo. Descubro poco a poco ese punto de indeterminación donde subyace un torbellino de existencia, una luz que emana hacia todos lados y a la vez hacia ninguna, una luz que sólo se ilumina a sí misma y que ahora por primera vez es percibida por alguien. Veo una luz que es el tiempo extinguirse y condensarse en una sola gota, es un presente inamovible, imperecedero que fue puesto en el centro del cosmos antes de la propia existencia de los dioses mortales y las lunas que animan los sueños y las almas nocturnas. Aquella luz empieza a expandirse hacia todos los rincones, como una esfera que crece sin degradarse, intenta expandirse provocando el pasado y el futuro, moviéndose hacia lugares remotos que quizá nunca alcance.

Aquel fluir de energía remueve mi interior y entonces comprendo la verdad de mi ser, la verdad de mi existencia. Al igual que aquella gota de luz, no me encuentro en un tiempo lineal que trata de alcanzar un futuro, tampoco en un tiempo circular que trata de repetirse una y otra vez, sino en un punto de indeterminación donde solo existe el presente. La conciencia, animada por aquella espiral, crece hacia los puntos divergentes, provocando la aparición de la memoria, tratando de crear una historia, un pasado, un nexo de unión que trate de explicar lo que no puede ser explicado, tratando de encontrar un origen a algo que es eterno e imperecedero. De igual manera, se expande hacia el lado contrario, proyectando imágenes deformadas del presente y del pasado hacia un lugar inexistente llamado futuro. La conciencia trata de justificar el presente de acuerdo con el fantasma del pasado, una ilusión vaga e imprecisa que se contenta con encontrar una causa a la soledad que me domina. Miro hacia el futuro y veo el vil reflejo de ilusiones ya pasadas, una imagen consonante con la falsa esperanza, con supuestas formulaciones que han pasado por mi consciencia y que de alguna manera creo advertir. El pasado no es pues, más que una ilusión y el futuro, una imagen deformada de este pasado, un destello de lo que podría haber sido, una respuesta rápida que trata de poner un final.

El oscuro duende me revela como he creado yo mismo la noción de la muerte para evitar reconocer que no vengo de ningún lugar, que no existo, que mi alma navega en un punto de donde no emerge más que ilusión. Nunca tuve recuerdo alguno, construyo ese pasado para negar mis recuerdos. Construyo un posible fin para poner fin a la angustia que representa el propio hecho de existir.

Laudanus.


Imagen: “Detalle de obra de Hilma af Klint, The Swan, No. 14, alterada mediante un software de edición de imagen” (1914-15). Copyright of the museums & heirs.

Entre gnósticos y mecánicos…

¿Quién me dará la voz y las palabras
que convienen a asunto tan ilustre?
¿Quién prestará las alas a mis versos
para que asciendan hasta mi deseo?
Ahora no servirá un furor corriente:
mayor inspiración debe inflamarme…
Ludovico Ariosto, Orlando Furioso, III, 1.

Saludos, estimados lectores y amigos.

Como lo prometido es deuda, y de una vez por todas, Studia Hermetica Journal estrena dos nuevos números: uno dedicado al concepto de gnosis y otro sobre el famoso “Mecanismo de Anticitera”. El primero, ya lo he dicho, cuenta con la participación del mayor experto en el ámbito hispano en la materia: Francisco García Bazán, con el artículo “La Sofía Gnóstica y la concepción de la mística entre los neoplatónicos”, y por supuesto con la generosa contribución de José Miguel Puerta Vílchez, que ha tenido la deferencia de prestarnos un artículo suyo de apenas difusión: “El humanismo filosófico árabe: Iraq y al-Andalus”, y que encaja perfectamente en este gnóstico número, como el contrapunto árabe a nuestro helenístico universo.

Estas dos joyas bibliográficas se suman a la producción de nuestra joven publicación periódica, y cierran por este año un prolífico y probablemente feliz 2012. En un principio tenía pensado participar, pero el tema de momento me supera: necesito leer y pensar muchísimo más. Tengo en mente revisar a fondo el texto griego original de los Hermetica, y esto es un trabajo que me va a llevar bastante tiempo; asimismo, espero hacer acopio de bibliografía útil y renovada. No se puede volver sobre lo anterior sin repetirse. El hermetismo filosófico en la Antigüedad es una materia de enorme complejidad sobre la que es extremadamente difícil decir algo novedoso u original, y creo que es más honesto, tras mis últimas publicaciones en los últimos años (2008-2012) en MHNH, Veredas de História, Azogue y SHJ, sencillamente descansar y poner en claro mis ideas durante un lapso indefinido de tiempo. Hay que buscar nuevas vías de análisis y poner los textos patas arriba, además de realizar una tarea de filosofía comparada con el resto de fuentes de la época. No estaría de más, de hecho, abordar una nueva edición crítica de los textos herméticos en edición bilingüe griego-español, sin desmerecer en absoluto la edición a cargo de Renau Nebot, al que por cierto mando un fuerte abrazo en estos momentos difíciles.

En lo que a mí respecta, no obstante, creo que mi futuro y lugar de llegada, se aclara cada vez más: Quien me haya leído estos años, sabrá que mi vocación última es el estudio del Renacimiento; pero tal estudio, desde mi humilde punto de vista, es imposible sin un conocimiento más o menos profundo de los textos antiguos. En otras palabras, el experto en filosofía durante el Renacimiento lo es, a la fuerza, en la Antigüedad. Y no cabe escapatoria alguna de esta realidad. Por eso creo que el próximo año 2013 será un año tranquilo para Studia Hermetica, en el que en todo caso espero poder ir renovando la página poco a poco, con el fin de adaptarla a los tiempos. En cualquier caso, creo que sí, que podré encargarme de un número especial conmemorativo de los cinco años de la página (el famoso número dedicado a la vis imaginativa y artística del hermetismo), y quizás, si cuento con la inspiración adecuada, un monográfico dedicado al concepto de materia en la Antigüedad.

Haciendo una recapitulación de lo escrito y de lo estudiado en estos años, puedo decir que mis líneas maestras de investigación son bastante claras: 1. Replanteamiento de los conceptos de “civilización helenística” y de “periodo helenístico”, adoptando una posición dinámica de los acontecimientos (un “orbe grecorromano” de duración extensa (ss. III a. C.-V d. C.). 2. Teniendo en cuenta la premisa anterior, un replanteamiento de los supuestos sustratos “egipcios” y “griegos” de los Hermetica, con el fin de avanzar hacia un concepto estrictamente “helenístico”. 3. Revalorización del punto de partida metodológico de Festugière, en el sentido de abordar los textos a la luz del resto de fuentes de la “Mística Helenística” de principios de nuestra era. 4. Y por lo tanto, una huida furiosa de la especialización y del “pre-concepto” normativo o interpretativo a la hora de enfrentarse a los textos (“Esoterismo Occidental”, “Tradicionalismo”, etc.). El hermetismo, como he dicho muchas veces, es un eslabón más en una infinita cadena causal, en la que se dan cita la filosofía platónica (medioplatónica, neoplatónica, teúrgica, etc.), las filosofías helenísticas (el estoicismo, principalmente), y las corrientes gnósticas.

En cuanto al segundo número académico publicado por SHJ, su contenido ya lo adelantaba hace unas semanas: “El mecanismo de Anticitera y los Thaumasiourgoi helenísticos”, es el enrevesado título de este mi nuevo artículo. ¿Y cómo surge esta repentina afición por la tecnología griega? Pues sencillamente porque no “surge”, sino que supone el corolario momentáneo a una de mis más fervientes obsesiones como historiador y humanista: la aplicación mecánica de la teoría geométrico-matemática constituye uno de los principios fundamentales del mundo moderno, como queda reflejado en el célebre grabado de Durero, y cuyos “misterios” fueron magistralmente aclarados en un artículo muy bonito por un estupendo científico español: Jesús Martínez Frías: “El enigmático poliedro de Alberto Durero en Melancolía I. Una nueva interpretación minerológica” (Tierra y tecnología, nº 30 pp. 60-64). El Dr. Frías es consciente de la nueva posición del artista y del hombre moderno en el mundo, ejemplificada por Durero mismo. Y en fin, queda clara la importantísima función de las máquinas en el día a día de los hombres del Renacimiento (cfr. por ejemplo, la obra de Jonathan Sawday, Engines of the Imagination: Renaissance Culture and the Rise of the Machine, Taylor & Francis, 2007), mucho antes de las sucesivas revoluciones industriales acontecidas en el mundo contemporáneo.

Pero nos perdemos: ¿Por qué estudiar el mecanismo de Anticitera? Un ingenio técnico griego enclavado en un periodo de tiempo que el común de los mortales considera “atrasado” y casi prehistórico… Un mecanismo de una complejidad tal que asombra por igual al sujeto culto y al iletrado. Un logro técnico que evoca en las mentes misteriófilas a extraterrestres benefactores y a griegos boquiabiertos cogiendo apuntes… Un “oopart” (http://es.wikipedia.org/wiki/Oopart) que dirían los tontos, como en un reciente y célebre programa de televisión, donde unos sujetos reiteraban que el mecanismo era aún un “misterio”, y que se especulaba desde distintas “teorías” acerca de su propósito real, sin alcanzar una conclusión clara (el argumento típico de los botarates para referirse a algo sobre lo que no desean indagar, con el heteróclito fin de enredar). Pues bien, con este artículo me gustaría que en el mundo hispano se abandonaran estas tonterías, para que de una vez por todas dejen de tocarme los griegos, y por eso he escrito el artículo en nuestra española lengua.

En resumen, los principios que quiero dejar claros con respecto al mecanismo en particular y a la tecnología griega en general, son los siguientes:

1. Se conoce el funcionamiento y el propósito generales del ingenio desde al menos 1974, con la obra de Derek J. de Solla Price, Gears from the Greeks, que hoy por hoy sigue siendo la obra de referencia acerca del mecanismo.

2. No hay “distintas teorías” acerca del mecanismo; tan sólo se discute cómo articular las piezas presentes y ausentes, lo que supone un evidente y desafortunado quebradero de cabeza para la gente que estudia seriamente estas cuestiones.

3. La aplicación de rayos-x no se materializó por primera vez entre los años 2005-2006, con el grupo multidisciplinar auspiciado por Nature, sino que comenzó allá por el año 1971 (hace la friolera de 41 años). De hecho, algunos entusiastas deberían dejar de colgarse medallas injustamente: pareciera que muchos estudiosos quisieran minimizar los logros de Price y de Wright en cuanto al ingenio de Anticitera se refiere, con el fin de catapultarse como “profetas”. Nature no es la génesis de nada, tan sólo un espectacular corolario a un siglo de pesquisas.

4. El mecanismo es perfectamente explicable en una época de efervescencia científica como es la helenística: surge del sistema-mundo mediterráneo que alumbraría la escuela de Rodas (Posidonio de Apamea, Gémino), la de Siracusa (Arquímedes), la de Atenas (Andrónico de Cirro), la de Roma (Vitruvio), y por supuesto la de Alejandría (Ctesibio, Filón, Herón, Pappus). Además, la mayoría de estos genios se dan cita durante los dos primeros siglos antes de nuestra era.

5. Las fuentes antiguas y los restos arqueológicos que se nos han conservado, nos informan de mecanismos sofisticados como clepsidras o planetarios. Luego el mecanismo de Anticitera no es tan insólito como pudiera parecer a priori.

6. El mecanismo no es, stricto sensu, único. Contamos con un mecanismo parecido del siglo V de nuestra era de factura bizantina

Siguiendo con el anterior argumento, tenemos una gran cantidad de ejemplos inmediatamente posteriores a estos dos “engranajes solares” utilizados para medir las revoluciones celestes (por otro lado, estudiados por Price mismo en “On the Origin of Clockwork, Perpetual Motion Devices, and the Compass”, ya en el año 1959). Por ejemplo, con el aparato fabricado por Abū Rayḥān al-Bīrūnī en torno al año 1000.

Y en fin, esa tradición venerable de artefactos similares, que son los astrolabios (el de Muhammad ibn Abī Bakr al Ibarī es un buen ejemplo, ca. 1221-1222).

No me extiendo más en esto: los ejemplos se cuentan por docenas en el Medievo, sobre todo de parte del mundo islámico, heredero del helenismo cultural, amén de esos ingenios maravillosos que son los relojes astronómicos de la Plena y la Baja Edad Media europeas (http://www.ahsoc.org/eanglian/index.html).

En cierto modo, esta cruzada se encuadra en otra de mis obsesiones: revalorizar un extenso periodo de tiempo y toda una civilización que está siendo injustamente olvidada y maltratada por el mundo contemporáneo, y lo que escucho por ahí del mecanismo me confirma esta mi idea. Por eso, lo que he pretendido con este artículo es reunir toda la información dispersa que hay por la red por un lado, y elaborar un criterio racional de acercamiento a la tecnología griega, por otro. En este sentido, he encontrado muchos especialistas de referencia, tanto clásicos como modernos: Berryman, Schiefsky, Evans, Diels, Wright, Price, Freeth, Drachmann… que con su esfuerzo continuado han desvelado buena parte de los misterios tecnológicos que nos ha deparado la Antigüedad. Asimismo, describir el hecho técnico o mecánico en sí no basta, como cualquiera que se acerque apenas superficialmente puede entender: las fuentes filosóficas se hacen ineludibles, sobre todo de parte de Aristóteles y de la escuela peripatética, pero también, y de forma tangencial, aquellas realidades cercanas a nuestro objeto de estudio habitual: tanto herméticas (Asc. 23-24, etc.), como alquímicas (Zósimo de Panópolis, Miguel Psellos, etc.). Y por supuesto, el apasionante tema de los autómatas y la animación teúrgica de las estatuas (Eunapio y su referencia a la increíble performance de Máximo de Éfeso, por ejemplo), del que me reservo el derecho a contar más cosas en el futuro. De hecho, este artículo me deja un sabor de boca agridulce: por una parte, he dicho lo que he querido decir, pero por otra hay mucha bibliografía y cosas que he visto por ahí que me dejo en el tintero, y sobre la que quiero volver. Como comentario al margen, he de decir que me he enamorado del buen hacer académico de la Dra. Berryman, que ha escrito páginas inolvidables y de una lucidez extraordinaria sobre la cuestión.

En resumen, hay muchas cosas que los antiguos aún pueden enseñarnos acerca de nosotros mismos. No somos dueños de la inventiva técnica, ni mucho menos. De hecho, creo que deberíamos dar la vuelta al argumento: no se trata de que sea “sorprendente” encontrar tecnología sofisticada en la Antigüedad, lo sorprendente de verdad es la aceleración científico-técnica operada en Europa desde finales del siglo XVIII, y que literalmente ha dado la vuelta a la historia de la humanidad entera. Por primera vez, todo nuestro mundo giraría en torno a las máquinas y al maquinismo: la filosofía, la economía… en fin, nuestra cotidianeidad e intimidad mismas quedarían supeditadas al ingenio técnico, como un apéndice más de nuestros cuerpos. Pero insisto: se trata de una isla en modo alguno “evolutiva” o “lógica”. Es sencillamente una “anomalía” histórica, a juzgar por el resto del periplo humano sobre la Tierra.


Imagen: “Detalles de los engranajes del Mecanismo de Anticitera”. Lead Holder, Wikimedia Commons: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Antikythera_mechanism.svg 
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