Hermetism and the Underworld

‘Dreaming is imagining’.
James Hillman, The Dream and the Underworld.

‘Le vrai est dans le profond’ (OC, 183).

‘L’essentiel est invisible pour les yeux’.
Saint-Exupéry, Le Petit Prince.

‘A man that is born falls into a dream like a man who falls into the sea (…) The way is to the destructive element submit yourself’.
Joseph Conrad, Lord Jim.

Qué mejor forma de conmemorar este décimo aniversario que con un nuevo eXc dossier (el sexto, por cierto) trinlingüe, dedicado a la escuela arquetipal fundada por James Hillman (1926-2011). Pero como es habitual, antes de continuar he de otorgar el justo mérito a quienes lo han hecho posible con su esfuerzo y buen hacer: Tatsuhiro Nakajima, Federico Divino y David de los Santos Juanes Muñoz. Como puede comprobar, este nuevo dossier ha sido redactado por especialistas muy distintos, que desde posiciones equidistantes han tratado de dilucidar aspectos particulares de la psicología arquetipal y analítica. He querido que sean los propios psicólogos y psicoterapeutas de orientación o inspiración junguiana los que hablen con su propia voz, huyendo furiosamente de la perspectiva académica adoptada por la revista en sus dossieres estrictamente histórico-críticos. David, por su parte, conjuga su faceta de psicólogo con la de historiador del pensamiento. El resultado es un dossier multicolor que explora las extensas ramificaciones de Jung y sus seguidores en el tejido intelectual de nuestro tiempo.

SHJ VIII, 1 (2018) Hermetism and the Underworld

El Dr. Nakajima esboza en su artículo (“Psychology of the 12th Century Renaissance in Wolfram von Eschenbach’s Parzival”) una aproximación heurística a la obra de Jung y Hillman, partiendo de la obra del estagirita y de la transmisión de los Hermetica en la obra de autores como Wolfram von Eschenbach. El resultado es una representación muy sugerente de cómo la historiografía puede tornarse en un ejercicio de antropología, con la vista puesta en la gestación de la psicología analítica como receptora última de las tradiciones platónica y peripatética.

• Perfil en academia.edu: https://pacifica.academia.edu/TatsuhiroNakajima
• Perfil en LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/tatsuhiro-nakajima-9b884146/

Por su parte, Federico Divino (“L’archetipo di Brahmā. La linguistica archetipica nella comprensione della schizofrenia”) va aún más lejos, proponiéndonos una rama del psicoanálisis profundamente vinculada con la tradición budista (es lo que ha dado en llamar medelogía, una suerte de “budismo reformado” desde posiciones psicoanalíticas y filosóficas). En el artículo que nos ocupa, Divino parte de la escuela arquetipal para tratar de comprender la esquizofrenia, recurriendo a las deidades Brahmā y Ardhanārī, sobre la base de las enseñanzas de Kūkai.

Federico es un jovencísimo intelectual dedicado en cuerpo y alma al estudio de la psique que despliega una intensa actividad. Su trabajo puede ser encontrado con extraordinaria facilidad en la red:

• Medelogy blog: http://www.medelogy.com/

• Perfil en academia.edu: https://uniroma.academia.edu/FedericoDivino

• El autor y su obra: http://it.nostradamus.wikia.com/wiki/Federico_Divino

• Página del autor en Facebook: https://it-it.facebook.com/divino.federico.autore/

• Twitter: https://twitter.com/divinofed

• Bibliografía del autor: https://www.ibs.it/libri/autori/Federico%20Divino

El artículo de David, “Hillman y la Alquimia”, nos acerca aquellos textos de Hillman relacionados con la interpretación que éste hace de los sueños y la alquimia, ubicándolo en su contexto post-junguiano. Este excelente trabajo supone una coherente evolución académica desde su ensayo “Jung, del Psicoanálisis a la Psicología Analítica” (SHJ V, 1, 2015). David es un viejo conocido de nuestros lectores, así como un miembro activo de SHJ.

• Sombras y delirios: https://sombrasydelirios.com/
• Perfil en academia.edu: https://independent.academia.edu/DaviddelosSantosJuanesMu%C3%B1oz

The Underworld

Con el término “inframundo” (underworld), empleado tanto por John Dillon (‘underworld of Platonism’, The Middle Platonists, London, 1977, p. 384), como por James Hillman (The Dream and the Underworld, 1979), deseo poner de manifiesto una doble realidad, la una académica y la otra vital. Por un lado, es indudable que, oculta bajo el engañoso manto del cientifismo junguiano o el trasfondo de la escuela platónica, encontramos a nuestra filosofía hermética y sus ramificaciones gnósticas (en el extenso sentido otorgado por la eminente escuela de Hanegraaff y sus seguidores). Al fin y al cabo, un universo viviente, susceptible de ser conocido y manipulado mediante el ejercicio de la imaginación activa es cuita propia de hermetistas, ¿no?

Desde mi lectura de The Dream and the Underworld sigo con mucho interés la obra de este psicólogo universal; en sus páginas descubro a un intelecto despierto e inocente que filosofa sobre la base de la mitología y la filosofía clásicas, con el objetivo de desvelar las realidades ocultas de la psique. Un artista de la palabra que se vale de Heráclito para trascender el fuego secreto de la conciencia:

“Los límites del alma no lograrías encontrarlos, aun recorriendo en tu marcha todos los caminos: tan honda es su razón” (frag. 71).

Esta máxima constituye la clave de bóveda de su obra: la extensión del alma y los distintos modos en los que ésta experimenta no son susceptibles de ser delimitados por ciencia empírica alguna, sino por una labor de terapia cercana en esencia a la mayéutica socrática. El mencionado aforismo del filósofo de Éfeso es particularmente importante para representar la realidad de los sueños:

“The endless variety of figures reflects the endlessness of the soul, and dreams restore to consciousness this sense of multiplicity”.

Hillman establece una profunda relación entre la capacidad visionaria del sueño y la mitología (y de los arquetipos implícitos en ésta), echando mano de artísticas genealogías divinas con el fin de retratar las realidades ocultas del inconsciente. Así, la trilogía Hades-Hypnos-Eros representa a la prole de la Noche, personificada en los infiernos eróticos de los sueños y sus brumas fantásticas. El sueño dispone de significación en sí mismo y para sí mismo, sin recurrir al mito heroico del ego despierto: el alma se hace libre en el ejercicio de soñar (Ba-soul).

Está de más apuntar que este tipo de aproximación interpretativa de los sueños granjeó a Hillman numerosas críticas desde la psicoterapia más “tradicional” o “científica”. Críticas que capeó con distinción, en buena medida debido a su desvinculación con cualquier modo de proceder mainstream.

Estamos necesitados de imaginadores activos, sujetos excogitantes que redescubran la juguetona infancia que subyace en la letra de nuestros maiores; en mis años como scholar he comprobado cómo una cohorte de eminencias grises pertenecientes al campo de las Humanidades engalanan sus testas con las ridículas diademas del hard scientist. De esta manera, veo pasear por la tarima a ufanos filólogos, arqueólogos, economistas o juristas, que con ominoso mazo golpean la credibilidad del resto de profesionales de las letras y las artes, desplegando una abracadabrante erudición que en ocasiones trata de esconder una incapacidad para integrar los conocimientos adquiridos en un sistema de pensamiento coherente, uno que ofrezca respuestas tangibles a los interrogantes eternos que nos aquejan.

Mas no estoy afirmando lo contrario, no se confunda, avispado lector: no infravaloro el trabajo de iconógrafos, paleógrafos, codicólogos o bibliotecónomos; tan sólo digo que el exquisito fruto de su impecable técnica no es capaz de eclipsar nuestra humana necesidad de trascender el muro epistemológico que nos separa de lo “verdadero”. Si no me cree, desconecte su dispositivo electrónico y dese una vuelta por el complejo de Akshardham, por La Kaaba, o por Kuthodaw, Borobudur, Shenoute o Biet Ghiorgis. Esta ínclita explosión de color que denominamos “vida” ha colocado a la sensibilidad humana como eje de su reconocimiento, o en palabras del propio Hillman:

“Our job on the Earth is to love it”

; una afirmación cuya simplicidad no deberíamos rehuir: si por “terapia” denominamos al arte de enamorar a la persona, entonces James Hillman es el más erótico de los terapeutas; o haciendo uso de una terminología más tradicional, James Hillman es un filósofo neoplatónico del siglo XX.

Pero no fui yo, sino Gregory Shaw, eminente especialista en neoplatonismo y teúrgia, quien reconociera este propósito erótico en la obra de James Hillman (“Archetypal Psychology, Dreamwork, and Neoplatonism”, en Octagon. The Quest for Wholeness: mirrored in a library dedicated to religious studies, philosophy and esotericism in particular, H. T. Hakl (ed.), vol. 2, Gaggenau: scientia nova, 2016, pp. 327-358.). Las imprecisiones historiográficas de Hillman, heredero de las erradas tesis de Dodds sobre la teúrgia, no esconden, sin embargo, la fortaleza del argumento: la psicología analítica se enraiza en la tradición platónica tardía, sobre todo en relación a conceptos supuestamente compartidos con ésta tales como soul making, active imagination o el eros intermediario. Dreamwork implica una revelación en el propio entendimiento del sueño, actuando del mismo modo que lo hacía el teúrgo, al despertar lo que de divino hay en nuestra alma con el propósito de asimilarnos a los dioses.

Transitamos a bordo de un navío rompehielos cuya carta esférica no nos es dado conocer; de algún modo intuimos que existe lo verdadero; no obstante, nuestro estrecho sentido de los sentidos nos impulsa a un vacuo empirismo:

“The error of empiricism is its atempt to employ sense perception everywhere, for hallucinations, feelings, ideas and dreams”.

En efecto, Hillman pone de manifiesto una dificultad epistemológica que, desde mi punto de vista, no ha sido lo suficientemente remarcada en el ejercicio de la ciencia, sobre todo en aquélla que linda con la realidad humana (otra manera de denominar al alma, todo sea dicho). Confieso que este modo de razonar heraclitano es lo que más me atrae del psicólogo estadounidense, lo mismo que de filósofos dionisíacos contemporáneos como Nietzsche, Cioran o Zambrano. Esto y, por supuesto, su cruzada por afianzar el erotismo, la belleza y la manía inherentes a la vida humana, con el fin de reforzar la vinculación del individuo con la naturaleza. Si a eso lo llamamos “terapia”, sea; yo en cambio lo llamo filosofar.

Afrontémoslo, en los ámbitos académicos europeos recelamos de los pensadores dotados con el raro don de la vis imaginativa, si bien algunos de tales pensadores se erigen como pilares fundamentales de nuestro basamento metafísico (Platón y Nietzsche, luz y sombra de un mismo universo resplandeciente, conforman un ejemplo perfecto de esta afirmación). De hecho, cualquiera de mis colegas historiadores que han adaptado el método histórico-crítico en sus quehaceres, bien podría espetarme que estoy siendo muy blando o parcial con aquellos autores que desconocen (a sabiendas o inconscientemente) la ecdótica, abriendo la puerta a la maraña interpretativa que conforman los tradicionalistas, junguianos u ocultistas de toda laya. Ante semejante recelo sólo puedo encogerme de hombros: el estudio historiográfico del hermetismo continúa su andadura al margen de sus díscolos interpretadores. Es más: para mí supone un verdadero placer ocuparme, desde posiciones académicas, de una filosofía viva y en pleno crecimiento.

Naturalmente, si dirigimos nuestra atención a los detalles, observamos cómo los esquemas de pensamiento varían de tal modo que nos es sencillamente imposible trazar paralelismos con la alegría de los adeptos al Western Esotericism; sin embargo, tampoco podríamos negar taxativamente que la “actitud psicológica” (anhelo de lo verdadero, espíritu religioso, actitud intelectualizante, angustia existencial) de un ciudadano de El Fayum del siglo segundo de nuestra era, fuera parecida a la de un psicólogo junguiano de los años setenta del siglo XX. Al fin y al cabo, la piedad íntima del hermetismo tardoantiguo “optimista” habla directamente al alma, con un lenguaje visionario erguido sobre dos piernas: una encaminada al conocimiento y otra a la experiencia estética. Otro debate lo constituiría el método de acercamiento a una y otra realidad y, por qué no reconocerlo, nuestra supina ignorancia con respecto a un mundo largo tiempo extinto, el antiguo, del que apenas conservamos una fracción de sus vestigios.

Hillman, en cualquier caso, representa una vuelta de tuerca a la dialéctica antigua: al arte de filosofar sobre la base del mito y la fantasía (“Mythology is a psychology of antiquity”, p. 23). Y con esa feliz afirmación de la vida nos quedamos.

¡Muchas gracias por seguir ahí!

Recursos sobre James Hillman y la psicología arquetipal

Videos

James Hillman on Changing the Object of our Desire:


James Hillman on Archetypal Psychotherapy. The Soulless Society:


The Archetypal Psychology and Psychotherapy Series (2-Video Series): https://www.psychotherapy.net/video/hillman-archetypal-psychology

Articles & interviews

James Hillman: Follow Your Uncertainty: https://www.psychologytoday.com/us/blog/freudian-sip/201102/james-hillman-follow-your-uncertainty
Conversations With A Remarkable Man: https://www.thesunmagazine.org/issues/439/conversations-with-a-remarkable-man

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Skip to toolbar