Studia Hermetica: 2008-2018

Aquí seguimos, amigo lector, con el ánimo intacto e idéntico el propósito, tras diez años de odisea. Desvelar la Historia de la filosofía hermética, sin pretenderlo, continúa siendo nuestro objetivo. Los que formamos este proyecto compartido que es Studia Hermetica deseamos reconstruir un periodo de la historia sobre la base de sus textos filosóficos; de aquéllos, bien lo sabe, menos conocidos y reconocidos por el mundo académico. Y eso que con tanto infortunio se ha dado en llamar “hermetismo” no es más que una mera excusa para penetrar en el recóndito tejido intelectual de nuestros antepasados.

Aprender a leer es la mayor hazaña jamás lograda por la humanidad; en virtud de las letras, las ideas se transmiten a lo largo y ancho de las millones de muertes que nos separan de ese universo extinto con el que deseamos conectar… derrumbando, arrumbando, arramblando, arrasando, arredrando, derramando y arrullando las infinitas proyecciones que el acto creador nos proporciona. Al contrario que el vestigio arqueológico, las letras continúan vivas en el corazón del ávido lector que persigue penetrar en sus misterios; y sin embargo, no podemos prescindir del utillaje científico que nos devuelve a la mente que en una remota época las produjo. ¿Acaso existimos en un eterno tiempo presente?, ¿acaso la evolución, el progreso y el transcurso de las eras, suponen una máscara de palabras para definir el cambio? No sabría decirlo, ¡no soy más que un hombrecillo que vive y sueña encerrado en una jaula de cristal opaco! Pero sé una cosa: no one’s gonna take my soul away, I’m living like Jim Morrison…

En los próximos meses, si todo va según lo previsto, llevaremos a cabo una severa actualización en la revista, con el fin de conmemorar como se merece este décimo aniversario, además de publicar un nuevo número especial que, confiamos, sea de su interés.

En esta etapa que despierta con el año 2018 deseamos, más que nunca, que siga a nuestro lado.

 

Meditaciones

ἀπογυμνοῦν αὐτὰ καὶ τὴν εὐτέλειαν αὐτῶν καθορᾶν
καὶ τὴν ἱστορίαν ἐφ̓ ᾗ σεμνύνεται περιαιρεῖν.

No me gusta hablar de mí en exceso, y mucho menos para elevarme moralmente sobre los demás. Y entenderá enseguida, estimado lector, por qué lo digo. Es cierto que la cultura cincela el alma, pero la hace opaca, compleja, a veces biliosa y amarga; no necesariamente la hace “mejor” o más bella, pero sí más interesante y profunda. No sabría decir qué vidas considero más plenas, si aquéllas que transcurren ignorantes de sí mismas y en perpetua acción, o por el contrario esas otras que detienen su paso y observan en derredor, tratando de comprender. Depende de los casos. La erudición y la creación rara vez van de la mano… pero ni siquiera me refiero a eso: ¿la naturaleza basta?, ¿es suficiente con una existencia ajena al pensamiento abstracto o al perfeccionamiento intelectual y anímico? Con probabilidad esas preguntas carecen de sentido, porque los humanos no hacemos más que desarrollar lo que llevamos dentro, urgidos por necesidades inconscientes y arrebatos pueriles que nos definen hasta el tuétano. Como bien decía mi adorado Rust Cohle:

“Each stilled body so certain they were more than the sum of their urges, all the useless spinning, tired mind, collision of desire and ignorance”.

A medida que me hago mayor, voy dándome cuenta de dos hechos melancólicos: que nuestra existencia parece transcurrir en un carril preestablecido y que el tiempo se nos viene encima, violento e implacable. ¿No siente usted lo mismo?

Decía que no hallará en mí un sujeto moral imitable, ni lo pretendo. Es más, la misma idea me pone incómodo. Me cabrea. No busque en mí a una vedette de red social que juzga y sentencia sobre la base de principios políticos, éticos y estéticos: no hago proselitismo animalista o libertario de ninguna clase, ni pongo a parir o ensalzo a golpe de clic. Quien desee saber lo que opino sobre la vida, el amor y el dinero, que me invite a unas cervezas y mientras me patina el acento debido al líquido elemento, entenderá por qué servidor no es quién para juzgar.

A menudo hallo defensores de la libertad con alma de dictador, y personajes broncos con alma de poeta. Y he visto algunos falsos rebeldes que venderían a su madre por convertirse en inquisidores y verdugos. No, amigos míos, a mí ya no me engañan esas almas torcidas. Prefiero mil veces a los héroes duros, fieros y sin embargo tiernos y filosóficos de las novelas hard-boiled y el cine negro clásico, antes que a esos buenistas de biblia y revólver de la Posmodernidad. Al menos aquéllos eran más humanos y honestos, luchadores natos en un mundo repleto de malvados y ególatras. Antihéroes defectuosos; seres humanos vivos.

Sé muy bien lo que hace falta para triunfar socialmente: es cuestión de actitud, amigos y peloteo. Lo he visto en mi experiencia laboral y en mi vida diaria. He grabado a sus protagonistas a cámara lenta, cual periodista maquiavélico infiltrado en una casa de putas, y he rebobinado la cinta innumerables veces, con el propósito de aprender qués y porqués. Y en todas las ocasiones me he observado —experiencia extracorpórea donde las haya—, frente a largometrajes de terror y grotescas comedias de situación. Por eso me he puesto un traje de tejido aislante y he pospuesto indefinidamente mi progreso mundano. Me dan repelús los andrajos humanos, pero entre usted y yo, me fascina el halo escatológico que desprenden.

A muchas personas les resulta fácil describirse: “soy de derechas/izquierdas; soy ateo; soy cristiano; soy del Atlético de Madrid; soy feminista; soy, soy, soy.” Pues bien, cuando pienso en mí sólo puedo argumentarme desde la energía que desprendo y mi vocación: escribir, pintar, pensar, soñar, sentir, crear. No soy capaz de “creer” en el sentido lato del palabro. He visto y pensado demasiado: “no tengo ideología porque tengo biblioteca”. La autodefinición es autodefensa; supone elegir la tribu a la que quieres pertenecer y a quién rindes pleitesía, y por eso prefiero los movimientos de resistencia a los ejércitos, los anarcas a los anarquistas y los artistas solitarios a los militantes. No, de nuevo no me dejo engañar: sólo me interesa lo que usted sabe hacer y lo que de hecho hace, no sus pensamientos a medio construir, vertidos en gratuitos arranques de bilis. Tampoco me hieren las “ideas” de nadie, porque a menudo —tanto las buenas como las a priori “detestables”— son el perfecto producto de nuestras inclinaciones naturales y defectos, y no de lógos pensante alguno. Y por eso me resisto a fascinar y que me fascinen de esa manera.

Piensen por un momento en la “política” (por poner un ejemplo que a todo el mundo excita y del que todo el mundo parece extraer una conclusión), y desvincúlense por unos instantes de su lado primitivo, animal y “sentimental”: ¿qué importan sus discursos, sus bellas o feas palabras o sus caretos?, ¿qué más da lo que digan o cómo lo digan? Lo único que cuenta es que ese funcionario público cumpla con su trabajo con rapidez, eficacia y diligencia, mejorando su economía, la economía de todos. Y sin embargo, como predadores de sabana que somos, nos fijamos antes en la estética que en la ética, ignorando el contenido.

Siempre he pensado que buena parte de la maldad humana proviene del mutis colectivo con el que nos protegemos los unos a los otros; en otras palabras, con frecuencia lo malévolo que hay en nosotros deviene del silencio consciente o inconsciente con el que encubrimos los pecados propios y los ajenos (piensen por un momento en la corrupción, la guerra, el terrorismo o el incesto… o sin ir más lejos en los lameculos y los trepadores de su ámbito laboral asalariado). He tenido la oportunidad, en fin, de conocer a muchísimos ejemplares de una catadura moral e intelectual paupérrima, que juntándose con otros cabestros, justificaban sus estupideces y su bajuna condición, aludiendo directamente a “sus amigos”. Dicho en román paladino: “soy gilipollas pero tengo muchos colegas que me defienden y se parecen a mí”. Tengo cientos, miles de ejemplos en mente que acuchillan mi magín día y noche, debido a las especiales características de mi memoria, que actúa como un panel digital y un pozo sin fondo, privándome del reposo del que gozan los idiotas.

Algo anda mal. No en este siglo (es más, probablemente el actual siglo XXI sea uno de los mejores y más interesantes periodos de andadura humana sobre la Tierra, al menos en Occidente), no en nuestro país o nuestro entorno. En nosotros. Somos los trocitos de una especie revoltosa, degenerada y perturbada; seres lastrados por una dimensión colectiva que nos aboca a cometer atrocidades y estupideces, cuya única salida, entrada y “progreso” en este mundo se canalizan paradójicamente a través de la soledad y la individualidad: el arte, la generosidad, la libertad y la creación son buenos ejemplos.

Amigo mío, cobíjese en su soledad y convierta su cuerpo y su alma en obras de arte. Lo demás no es sino un añadido engañoso.


Imagen: “Fotografía del busto del emperador Marco Aurelio, alterada mediante un software de edición de imagen”. Gliptoteca de Múnich. Copyright of the museum.

Nigri Viri

ἀπογυμνοῦν αὐτὰ καὶ τὴν εὐτέλειαν αὐτῶν καθορᾶν
καὶ τὴν ἱστορίαν ἐφ̓ ᾗ σεμνύνεται περιαιρεῖν.

NIGRI VIRI AD SE IPSOS

Solitude and absence of judgment are the fundamental pillars of Nigri Viri’s ways; a rule for a man who faces the century hopeless and helpless; who claims for understanding based on what they call suspension: trustful yet dubious toward bold concepts such as truth, end, purpose, sense or meaning.

Scientists of souls, devoid in void defending innocence and clearness. Masterminds covered in darkness. They just do not affirm in sick or health, however they evolve in solving the mysteries of the labyrinth. The lack of dramatism conveys a vacuum of leading feel, so they turned into intermediaries of prior phenomena. There is no guidance in life, but a creative stream shaping opaque crystal, reaching out perfection in the mere process of casting a shadow.

Nigri viri, they are anarchas: their label stems from Cain’s mark, although their bibliothèque lies in the Prince-Princeps of Eternal Return’s textbooks. Sitting in perpetual mourning for the gone souls, they work in craving the madness which entails all creation; that is the very reason why they dress black clothing.
Persona’s collective dimension is a tragic misalignment of the hidden forces of the soul, compelled by a mischievous desire of being lavished or entitled by the alien. The otherness is forbidden; its terms are pointless. By pouring into the soul, we will be able to build a fine façade for ourselves up. Egocentrism is a weak offspring of the dissolution in the alien.

Solitary by definition; seeking a procedure that establishes boundaries in a life self-designed. Death is flying over us so we are giving up our fate uncomplaining. Alone, adrift, stranded, yearning for a redemption located at the bottom of their inner-selves. Serenity, clarity, peace of mind are the means to a greater end: strengthen identity in opposition to invasive-lurking egos.

Nigri viri they call themselves, black men who contemplate the scenario through the eyes of the anthropologist, without stepping up for causes whatsoever. Though rage is sacred it has to be delivered in conscience. An angry calm they profess in the pursuit of struggling against the given. Untrusting pros who read and write, ripping apart thin egos. Enlightened pessimists who ran away from outer-definition: there is no righteous epithet for the world outside.

Action-introspection toward mythology and religion: sub-layouts lying in the heart of misconception, albeit unquestionable. In the end, will and action are the main references for the endless road of the so called flat circle. Awareness colludes with autonomy, in a restless attempt for pursuing pure troublesome. In short we seek involvement; nays and yeas originated from a founding purpose: to know, to delineate the underlying logos that surround us. You may say suspension is an illusion, but for that term we fathom the consecution of choosing: a description of becoming-into-being which gives birth übermenschs.

By accepting the impossibility of free-will and embracing the subjugating prison they inhabit, they paradoxically liberated themselves from the tyranny of fear. There is no point in the fact of perceiving but then again they lead their ways out to the completion of their innate skills.

Dream-agination is the prime pounding realm of life, therefore a freeman is unequivocally seeking for lighting up the shady corners of the unconscious. Symbolizing-understanding constitutes the commanding feature of absence.

Every thought accommodates the truth of symbolizing art, therefore we philosophize literary through the ways of language. Coherence is the vanishing point of philosophy, while science focuses on the ephemeral. Truth lies in action, edging forward restraint and responsibility.

IFK.


Imagen: “Retrato de Rust Cohle alterado mediante un software de edición de imagen”. Colección propia. Copyright Iván Elvira.
Skip to toolbar